Ayuso se reivindica

                Se dice que para instituciones y personas los tiempos de crisis son tiempos también de oportunidades. Para aprovecharlas o para malgastarlas. Para reivindicarse o para hundirse. Y en esta del escurridizo Covid-19 que nos acecha así está siendo también. A mi entender, tendríamos a la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,  en la primera de las premisas expuestas, y al presidente Pedro Sánchez en la segunda parte de la proposición, al que ciertamente le ha venido grande el momento.

                Díaz Ayuso, 41 años, licenciada en Periodismo y máster en Comunicación política y protocolo, fue, contra viento y marea, una opción personal de Pablo Casado. Era prácticamente una desconocida. Portavoz adjunta del Grupo popular en la Asamblea o Parlamento regional de Madrid y viceconsejera regional de Presidencia y Justicia por unos pocos meses, habían sido sus más relevantes servicios públicos prestados hasta entonces.

                Sin que faltara el llamado “fuego amigo”, izquierda política y mediática le hicieron la vida imposible desde el minuto uno en que su nombre sonó para el puesto que ahora desempeña.  En líneas generales, no la consideraron con peso o entidad política suficientes como para pilotar la comunidad que más aporta al PIB nacional; un trasatlántico económico, político e institucional que la colocaba bajo los focos y la convertía en el principal activo de la oposición del PP al Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Y viceversa: junto con el propio Pablo Casado, devino en el principal objetivo del Gobierno de coalición PSOE-Podemos en su persistente ofensiva contra la derecha en general y, en particular, contra lo que estaba llamado a ser la joya de la corona popular: Madrid.

                Ha peleado lo indecible por reivindicar y mantener el modelo económico de la comunidad, líder en bajada de impuestos, creación de empleo, constitución de empresas y captación de inversión extranjera. No obstante, esta batalla no la tiene ganada ante la fijación de la ministro María Jesús Montero por la llamada “armonización fiscal”; esto es,  por recortar la capacidad de maniobra de las comunidades autónomas para con los impuestos cedidos.

Ello  se traducirá en una obligada convergencia de todas las Administraciones territoriales hacia  una subida generalizada de determinadas figuras tributarias. Y la titular de Hacienda se va a salir con la suya, según pronostican los enterados: “Es su espina clavada desde bastante antes de su desembarco en Moncloa”.

Sin embargo,  el mayor crecimiento político de Díaz Ayuso ha venido dado estos días por su gestión en la crisis del coronavirus. Dentro de las competencias en su mano, ha actuado muy por delante de la política remolona, cicatera y hasta discriminatoria del Gobierno. Y ha urgido por activa y por pasiva las dotaciones sanitarias imprescindibles para hacer frente a una epidemia que se estaba cebando con la Comunidad. El 65 por ciento de los fallecimientos se estaban dando en Madrid. No ha sido, por cierto, la única dirigente autonómica que se ha quejado de tal falta de suministros. Feijóo lo ha hecho también.

Una gestión –se ha dicho- valiente y anticipadora de lo que llegaba, como el tiempo le ha venido a dar en razón. Según las encuestas, la opinión pública madrileña se lo ha reconocido. Y la opinión política supongo que lo irá haciendo. Al menos ésta habrá de asumir que Ayuso se ha crecido con la crisis. Pese a quien pese. En la difícil arena del momento ha sabido –creo- estar.

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