Acotaciones

** Golpe de autoridad y golpe de efecto. Tratándose como se trataba del primer test serio, tras la experiencia en Navarra,  para aglutinar  a la derecha constitucionalista a través de listas electorales conjuntas, la cúpula directiva del Partido Popular no podía perder la oportunidad de llevarlo a la práctica de cara a las autonómicas del 5 de abril en Galicia y País Vasco. Sin embargo, Feijóo aquí y Alfonso Alonso allá se le rebelaron.

Con el máximo responsable del PPdeG y de la Xunta, Pablo Casado hubo de resignarse, pues no en vano se perfila como ganador y con expectativas de repetir mayoría absoluta. Hoy por hoy es el principal activo del partido. Pero con el máximo responsable del PP vasco, con números a la baja y repetidas fricciones públicas,  no le quedó más remedio que prescindir de él como cabeza de lista y teórico aspirante a la presidencia de la comunidad.

Tal vez el acuerdo suscrito con Ciudadanos ha sido demasiado generoso para con el partido de Arrimadas, aunque éste también ha tenido que ceder en sus clásicos planteamientos.  Sea como fuere, al final ésta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Las divergencias venían desde bastante atrás; casi desde el minuto uno. No en vano Alonso fue un notorio sorayista.

Todo un golpe de autoridad, pues,  de puertas para adentro. El PP, como se sabe, está empeñado en sentar las bases para una futura fusión con Ciudadanos,  en el formato que en su momento se decida y de cara a   concurrir en lista conjunta a las próximas elecciones generales; única alternativa –entiende- para superar a la izquierda radical que comandan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. En definitiva, Génova ha priorizado esta operación y sacrificado en consecuencia al díscolo Alonso. ¿Política, como se dice, de luces largas?

Y golpe de efecto también. Al destituido le sucederá  en la papeleta electoral Carlos Iturgáiz, uno de los nombres míticos de la historia del PP durante los años de plomo del terrorismo etarra. Regresa así a la política activa, a la que ha dedicado veintiocho de sus 55 años, con la tarea nada fácil de apaciguar el partido y mantenerse vivo en la cuesta abajo que pronostican las encuestas.

La apuesta es de órdago. Bajar mucho por debajo de los nueve diputados con que el  PP cuenta en el Parlamento de Vitoria, sería un mal comienzo. A pesar de todos los pesares. Y una ocasión de oro para que volvieran a relucir los cuchillos largos en el seno de la formación política.

** Quiero suponer que en Génova estarán rezando por que en el pulso que mantienen Inés Arrimadas y y Francisco Igea por el nuevo control de Ciudadanos, salga triunfante la primera. Y es que si así no sucede, Pablo Casado puede bien irse despidiendo de sus pretensiones unitarias. El  médico vallisoletano es, como se sabe, vicepresidente de la Junta de Castilla y León en virtud del acuerdo suscrito tras las últimas autonómicas con el Partido Popular. Es decir, está donde está por el PP. Pero dice sentirse incómodo y parece loco por pactar con el PSOE.

** Alonso ha contado con el apoyo rotundo, expreso y público de Feijóo, sólo matizado a última hora ante los hechos consumados. Bien podía haberlo éste hecho antes con mayor discreción y por vía interna. Pero dentro de las filas populares y de cara a la opinión pública, uno y otro se han venido mostrando  como  oposición sistemática a Pablo Casado y como el ala más a la izquierda, del PP. Aunque la llamen centro. Muchos se preguntan, en efecto, cuál es su vínculo con el resto del partido en España.

** El presidente gallego tal vez se esté mostrando en estas vísperas electorales un tanto sobradoautosuficiente de más. “No seré rehén de ningún partido, ni tan siquiera del mío”, proclamaba hace unos días. Por lo que se dice, en la cartelería de la campaña no van a aparecer las siglas del Partido Popular. A este paso,  el electorado no sabrá si vota al PP o al PF. Tiempo le ha faltado a Pedro Sánchez en su fugaz paso del domingo por Galicia para echárselo en cara.

** Con el paquete de transferencias acordadas, el Gobierno de Sánchez/Iglesias le está haciendo gratis la campaña a un ya de por sí fortalecido PNV. Nada menos que, entre otras, el régimen económico de la Seguridad Social, las llaves de las cárceles e infraestructuras importantes para el Estado, como puertos de interés general y aeropuertos.

Se trata de históricas demandas del nacionalismo vasco, que dentro de un par de años, cuando se culmine el proceso, van a suponer el mayor empujón al desarrollo estatutario vasco desde su aprobación en 1979. Pero también, el práctico desmantelamiento del Estado y de la presencia allí del mismo, que pasará a ser residual. En Vitoria sólo se acordarán de Madrid cuando hayan de renovar –al alza, por supuesto- el sustancioso cupo derivado del concierto económico.

** El 5 de abril le llegará a Urkullu cual agua de mayo este ofertón de nuevas competencias: una treintena de ellas por los seis escaños en el Congreso de los Diputados, vitales  para la continuidad del tándem Sánchez/Iglesias en Moncloa. Y lo hace cuando el presidente vasco atraviesa el momento más bajo de sus dos mandatos, a raíz de la controvertida gestión de la crisis del derrumbe del vertedero vizcaíno de Zaldíbar, donde, a la hora de escribir estas líneas y dos semanas después del siniestro, aún permanecen sepultados dos trabajadores. Una crisis que ha hecho mella en su liderazgo.

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