El miedo es libre

                No ha empezado bien el año para China. Cuando parecía que la guerra comercial con Estados Unidos iba a iniciar un tiempo de bonanza, llegó el coronavirus, una inesperada dolencia que en el país asiático va dejando tras sí una notable lista de muertes, sesenta mil infectados y más de cincuenta millones de personas confinadas en sus casas.

Eso, al día de hoy. La desconfianza ante las informaciones oficiales es allí total, después de que las autoridades de turno tardaran veinte días en descorrer el velo de la verdad para la opinión pública. Por si fuera poco, los cambios últimos de criterio en el registro de casos podrán a buen seguro generar más confusión.

                Se trata de un escenario que en este nuestro mundo globalizado de hoy traspasa fronteras y que preocupa especialmente porque mucho no se sabe sobre la posible propagación a escala mundial, síntomas, periodos de incubación y tasas de mortalidad derivadas del virus.  Y porque el gran paciente es nada menos que China, la segunda economía a nivel global sólo por detrás de Estados Unidos  y que el año pasado representó el 19,7 por ciento del PIB mundial y el 33 por ciento del crecimiento.

                No son pocos los observadores que han considerado más que alarmistas los informes y declaraciones de altos cargos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la propia entidad, con su director general, el etíope Tedros Adhanom a la cabeza, que han hablado del coronavirus como “el enemigo público número uno de la humanidad,  una amenaza muy grave para el mundo y un peligro mayor que cualquier ataque terrorista”. ¿Excesivo?

                Pero como el miedo es libre y, además, mejor es prevenir de curar, no debería sorprender que sólo en los últimos días de enero los inversores protagonizaran una fuga de capitales en cuantía superior a los  28.000 millones  de dólares (algo no visto ni en los peores momentos de la guerra comercial con Estados Unidos) y que estuvieran vendiendo activos de riesgo para comprar activos refugio.

                Sea como fuere,  se calcula que el PIB chino caerá en este 2020 entre siete y cinco décimas; que el de los países vecinos lo haga en torno a las tres décimas y que el impacto global estará entre una y dos décimas. No obstante, la agencia estadounidense de calificación de riesgo en servicios financieros Standard & Poor´s ha estimado que el peor efecto económico llegará hasta junio, que luego se estabilizará el daño y que en los primeros compases de 2021 regresará el río a su cauce a medida que se vaya desencadenando la demanda acumulada

                Se cree que en Europa Alemania e Italia sufrirán más que España y Francia. Cuestión de los tipos de producción y dependencias de China. De todas formas, aquí en nuestro país muchos se están preguntando por qué ha caído el Mobile World Congress, de Barcelona, si las marcas han acudido estos mismos días y sin mayores problemas al ISE de Amsterdam. ¿Realmente el miedo o la prevención ante el  coronavirus han  sido tan decisivos como para determinar la cancelación de la feria tecnológica más importante del mundo? ¿Sólo por la ausencia de importantes empresas?

Son los interrogantes que con toda lógica se hace el sector ante una no celebración cuyo coste se calcula  multimillonario tanto para las propias compañías como para la capital catalana. 

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