Bréxit: a la vuelta de la esquina

                La economía mundial debería continuar creciendo en el año en curso. Y  la probabilidad de una recesión es baja tanto a nivel global como en las economías avanzadas o emergentes gracias a la reducción de algunas de las más importantes incertidumbres con las que hemos convivido a lo largo de 2019; en particular, tanto un bréxit caótico como las escaladas en la guerra comercial entre Estados Unidos y China.  Además, la caída de la actividad industrial en algunos países clave parece no trasladarse de momento al sector servicios.

Esta es al menos la tesis –moderadamente optimista–  de los investigadores del Instituto Elcano, de Estudios internacionales y estratégicos Federico Steinberg y José Pablo Martínez en su trabajo en torno a los riesgos económicos y geopolíticos que se ciernen sobre  el horizonte de este 2020 recién iniciado.

Atrás ha quedado un 2019 en el que la expansión de la economía global fue la más débil de la última década. A su juicio, el principal foco de inestabilidad estará asociado a la política exterior estadounidense. Y lo distinto en relación con el año pasado podría ser que la tensión con Irán y sus ramificaciones en Oriente Medio podría tomar el relevo a la tensión con China y Corea del Norte. Un presidente Trump en campaña electoral resulta imprevisible. Y habrá que ver cómo sale del proceso de destitución o inhabilitación (lo de impeachment es un anglicismo gratuito): si debilitado o reforzado.

Sin embargo, la rivalidad y la lógica de la confrontación económica y tecnológica entre Estados Unidos y China, que es y será el elemento central de las relaciones internacionales del siglo XXI y que ha estado generando enorme incertidumbre durante los últimos años, podría suavizarse, ya que una distensión transitoria, como la actual tregua arancelaria, podría resultar conveniente para ambas potencias.

¿Y en Europa? En Europa tendremos la pesadilla del  bréxit, que no sólo no ha terminado, sino que lo complicado viene ahora. Como mucho, se puede decir que la salida del Reino Unido de la Unión Europea se ha zanjado desde el punto de vista político, pero manteniendo intactos los riesgos económicos.

El hecho es que el sábado que viene, 1 de febrero –ahí encima-, Gran Bretaña pasará formalmente a ser país tercero respecto a la UE y perderá todos sus derechos políticos, pero en todo lo demás nada cambiará hasta que termine el periodo transitorio, en principio el 31 de diciembre de este 2020.

Once escasos meses habrá, pues, para negociar un complejísimo acuerdo que defina las relaciones económicas futuras entre la UE y el Reino Unido. El primer ministro Boris Johnson ha comenzado jugando fuerte y anunciando que en ningún caso solicitará una prórroga, que, conforme al Acuerdo de salida, podría ser de uno o dos años y debería convenirse antes del 1 de julio. Claro, dicen algunos analistas, que su credibilidad es mínima y no es descartable que en diciembre se trague de nuevo sus desafíos.

A juicio de los expertos, la negociación va a ser muy dura y entre los Estados miembro habrá menos unanimidades que hasta ahora. Muchas son las cuestiones e intereses en juego.

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