Reforma laboral

                Con ocasión de la publicación de su libro  “La educación en España. Asignatura pendiente” el padre político de la huérfana Lomce, José Ignacio Wert, comentaba resignado cómo durante la gestación de la misma no había sabido convencer “ni siquiera al amigo”. Y no le faltaba razón, porque si no recuerdo mal, fue la primera pieza que en su postrera investidura Mariano Rajoy entregó a la oposición. 

                Nada que ver con el tratamiento dado a la reforma laboral de 2012 a la que el ex presidente dedica una veintena de páginas en sus memorias “Una España mejor”; reforma útil, escribe, a la que “sin dudar” considera como una de las medidas con las que más satisfecho se siente cuando hace balance de sus altas responsabilidades  en Moncloa. Aunque parco en los elogios, no se los regatea a la ministra de turno, Fátima Báñez, “una mujer admirable –dice- que nunca perdió la sonrisa ni el ánimo”.

                Se trata de una normativa que, a su juicio, habría de permitir a nuestro país, como así fue, generar empleo con bajas tasas de crecimiento al comienzo de la recuperación, adecuar  los costes laborales a su propia realidad y no tener que recurrir así a despidos masivos ante malas coyunturas. En el periodo 2008-2011 España explicaba la mitad (el 47 por ciento) de la destrucción de empleo de la eurozona.

                Pues bien, a ocho años vista de aquellas fechas el nuevo Gobierno de coalición Pedro Sánchez / Pablo Iglesias se apresta, dividido, a contrarreformarla. Por una parte, ese adalid de la ortodoxia y cortafuegos frente a los mercados en que ha venido a ser considerada la vicepresidenta Nadia Calviño habla de derogar sólo los aspectos “más lesivos o abusivos” de la ley en cuestión.

Por otra, sus socios de Podemos con la también gallega titular de Trabajo, Yolanda Díaz, al frente abogan por ls derogación, aunque distribuida en dos fases. La primera de ellas, “de inmediato y con urgencia”, como muy bien podría concretarse en el regreso de la primacía del convenio sectorial sobre el de empresa y el endurecimiento de las condiciones de despido. Esto es: la almendra o meollo de la reforma de 2012.

                Veremos en qué queda la pugna  política al respecto. Porque no habrá que olvidar que la reversión total es el principal y uno de los primeros puntos del pacto suscrito entre ambas  formaciones. Así consta en la primera página del documento, después del sumario y la breve introducción: “Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados   por la reforma de 2012”. Firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

                La controversia no es nueva, porque ya figuraba entre los grandes temas que tuvo sobre la mesa el Gobierno salido de la moción de cesura. Lo que ha sucedido es que habiéndolo podido tener hecho ya, hasta ahora el tándem Sánchez/Calviño no se han puesto a ello. Tal vez porque, aunque el discurso público haya sido  otro, en realidad han venido a reconocer alguna validez importante a la norma como palanca eficaz  para crear  puestos de trabajo,  especialmente importante en tiempos de desaceleración económica y de una menor creación de empleo.

                Cierto es que el mercado laboral sigue adoleciendo de males estructurales que, a juicio de los analistas, es necesario corregir, como la todavía elevada tasa de paro, la excesiva precariedad y un alto grado de temporalidad. Pero la divergencia sostenida en el Consejo de ministros es el peor mensaje que se puede enviar a los agentes económicos.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar