Peces Barba y el estado plurinacional

Debemos al profesor Peces Barba, ponente constitucional, presidente que fue del Congreso e ilustre miembro del PSOE, uno de los más lúcidos análisis sobre la Constitución de 1978, que no sólo desmenuza, título por título explicando el alcance último de sus contenidos, sino que añade sus propias intervenciones en su proceso de elaboración. Frente a la actual frivolidad del secretario general del PSOE y sus partidarios y apoyos dentro del partido y el equívoco contenido de las llamadas “Declaraciones” de Granada y Barcelona, y sobre todo la redefinición de España de Zapatero y de Sánchez, lo del Estado plurinacional o asimétrico, según el caso, y cuestiones parecidas, viene bien recuperar el pensamiento del profesor Peces Barba que, como catedrático de Derecho Constitucional, sabía algo más del asunto que los personajes citados.
A este respecto, con respecto al llamado “problema nacional”, Peces Barba apunta: 
“Es clave el artículo segundo donde se afirman las tres perspectivas que integran el planteamiento del problema y su articulación. En primer lugar, España, nación, comunidad superior, cuya unidad se afirma vigorosamente. En segundo lugar, la existencia de otras comunidades en el interior de España que se califican como nacionalidades y regiones cuyo derecho a la autonomía se reconoce y garantiza. Por fin, la solidaridad entre todas las nacionalidades y regiones; camino práctico y progresivo, para fortalecer a la realidad comunitaria superior que es España y para evitar los desequilibrios entre zonas desarrolladas y zonas menos desarrolladas”.
Tras un minucioso análisis de todos los aspectos que suscita este debate, llega a esta conclusión, destacando la supremacía del concepto de España como nación, como realidad nacional por encima de todo: 
“La Constitución española de 1978 se esfuerza en reconocer en un marco propio y en impulsar un desarrollo a través de la triple perspectiva de la unidad de España, del reconocimiento de la autonomía de las nacionalidades y regiones y de la solidaridad entre todas ellas. Así, recoge lo mejor de los nacionalismos y se manifiesta capaz de satisfacer en su interior a diversas nacionalidades y regiones con lo que aumenta la vitalidad del Estado y hace más real la comunidad superior que es España. 
Frente a los actuales apriorismos de lo que manifiestan Sánchez o Iceta, Peces Barba argumenta de modo impecable en defensa del concepto de España, criticando por igual el sentido excluyente que comparten los defensores del inexistente derecho a la autodeterminación que invocan la derecha católica vasca, el PNV, o el nacionalismo catalán en sus diversas versiones, como el del más exacerbado nacionalismo español.
Con respecto a los primeros, Peces Barba señala, como la realidad nos muestra, la curiosa contradicción de “los nacionalismos parciales que predican el derecho a la autodeterminación de sus respectivas comunidades para convertirse en Estados independientes, o que afirman que sus fueros son su Constitución”. Pero como vemos en el caso vasco, donde cohabitan Bildu y el PNV o catalán, donde ERC y los de Puigdemont y Torra comparten objetivos, el profesor Peces Barba apunta la paradoja de que tales tesis las comparten sectores burgueses y de derechas, que inscribe en el nacionalismo tradicional, con sectores de extrema izquierda variada y peculiar, según el caso. Pero todos coinciden en hacer blanco de sus ataques el artículo 2 de la Constitución que establece como principio la unidad de la nación española.
En resumen, el sentido en que el profesor Peces Barba emplea el término nación de naciones es muy distinto al que le dieron Zapatero y ahora Sánchez, pues eso no conduce al concepto de “Estado plurinacional” donde se diluye el concepto mismo de “soberanía”, donde no cabe más que una. Pero el nacionalismo vasco y el catalán la reclaman propiamente como elemento substancial de la propia realidad nacional sobre la que se configura un Estado independiente. 
Peces Barba no pudo imaginar lo que sobrevendía cuando personajes como Zapatero o Pedro Sánchez estuvieran al frente de su partido, y con especial optimismo escribía: “Ni la defensa de la existencia de diversas nacionalidades y regiones, comunidades regionales y nacionales en la comunidad superior España es una bomba de relojería para favorecer el separatismo como se ha dicho, ni la nacionalidad conduce al Estado independiente. La nación de naciones y de regiones que es España puede y debe ser un solo Estado, pero un Estado de autonomías constitucionalmente garantizadas”.

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