Encadenando futuros

Decía  el genial José Saramago que “es una estupidez perder el presente sólo por el miedo de no ganar el futuro”. Y de tantos futuribles, andamos enrollando los días presentes con las indecisiones de todo lo que pueda llegar a ocurrir. Precisamos reuniones, acuerdos posteriores, compromisos a conseguir y machacando el futuro condicional hasta la saciedad. Mientras tanto, mira que te mira, fijamos ese horizonte siempre interpretado por los temores externos, que van pasando a nuestro lado con cientos de situaciones adversas para seguir llamándonos ciudadanía. Repasamos nuestras jornadas con las interpretaciones de cada uno de los bandos, posicionados para dejarnos en un insomnio decadente de fábulas misteriosas que nos impiden conciliar ese tiempo reparador que nos deje observar un nuevo amanecer. Con todo este panorama, los sin techo siguen agarrados a una manta con la que poder envolver la dignidad que les quede, el planeta sigue respirando las mediocridades de nuestra producción y este país continúa vaciando lo pequeño para seguir asfaltando vidas. Y sino, que se lo digan a mis paisanos verinenses.

En la actualidad, visualizamos lo urgente a golpe de titular o especial informativo. Lo malo es que, tras los 3 minutos de escaleta, olvidamos ese presente para seguir observando lo que vendrá. Hemos olvidado la importancia de los segundos vitales de respirar para alcanzar con esta pobre vista social lo que de verdad nos rodea.

Hasta la política basa su ambición en lo que vendrá, con unos u otros, olvidando el día a día de aquellos que aspiran a representar la voluntad popular, la de aquellos que existimos en el aquí y ahora. No son ellos los culpables de esta temporalidad grotesca. Somos nosotros los que arruinamos nuestro día en tantas ocasiones vitales. Atemorizamos a nuestro espíritu con las condiciones laborales, siempre pensando en lo que perderemos sin apreciar la merma actual de derechos. Observamos el daño en los mares y en la tierra para seguir obcecándonos en el resultado de la mala práxis medioambiental sin oportunidades de  reconducir esa imposibilidad de hacer un mundo mejor. Nos creemos con el derecho de juzgar sentencias contra violadores a costa de argumentarios sobre víctimas a las que, a pesar de su minoría de edad, las posicionan en ese futuro que destripa la dignidad humana. Y seguimos de escándalo en escándalo, de días y glorias pasadas, para seguir hablando del futuro de los de siempre, sin observar este coetáneo tiempo que vamos perdiendo a golpe de decisiones inciertas e inmovilismos turbadores. 

Vivimos abrazados a esa agenda de portadas donde analizan por nosotros lo sustancial de lo que pasará o las consecuencias de quienes nos gobernarán. Anclamos prototipos de insidias costumbristas para justificar las diferencias que parecen asegurarnos  el sinuoso camino pensado por otros. Como resultado, el que más y el que menos, sigue metiendo las manos en el bolsillo para apretar el paso hacia la confortabilidad de un días más. Ya lo decía el poeta romano Ovidio, “feliz es el hombre que ha roto las cadenas que lastiman su mente, y ha dejado de preocuparse de una vez por todas”. Buena forma de olvidar porvenires inciertos y ocuparnos de esta existencia que acompaña y excluye lo que tenga que pasar. 

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