Pedro Guillén, un manantial de Archena en la Real Academia de Medicina

            Si su amigo Camilo José Cela hubiese escrito la historia del Excelentísimo Señor Doctor Don Pedro Guillén García, y lo hubiese hecho en primera persona, posiblemente habría iniciado su escrito con estas palabras: “Gracias doy con un exceso de gratitud por ser de La Algaida, una pedanía del municipio de Archena. Nunca he olvidado de dónde vengo ni de quiénes me han ayudado. Mi padre, Pedro, fue trabajador honesto, que elevó a la categoría de arte su trabajo de agricultor en la Vega del Segura, enamorado de Isabel, mi madre, un mujer muy inteligente. A ellos debo el sacrificio y la generosidad por los demás, y el interés por las novedades del discurrir de los días. Y, en el mismo orden, he de citar, a mis hermanos de sangre y a los hermanos políticos. Y, en gracia suma, a Pilar Vicente, esposa queridísima, colaboradora esencial en mis empeños y madre excelsa de mis hijas Pilar, Marta e Isabel. Y a mis tres yernos y a mis ocho nietos. Y a mis maestros, compañeros. Y a la completitud de mis amigos. Pues la vida sin los otros, y especialmente sin aquellos que otorgan a uno su amor, cariño y amistad, es inútil, y para un médico de mi especialidad nada peor que los impedimentos humanos, que son los que precisamente trata de evitar y/o superar en cada paciente. Y por ellos prometo ser cada día mejor porque, el que no lo hace así, pronto deja de ser bueno. Sépase que los murcianos venimos a Madrid, como se ha de venir, a vivir el tiempo que nos tocó vivir, al ritmo, precisamente, que ese mismo tiempo nos impone, y a triunfar”.

            Y es que Pedro Guillén es capaz de ser tan esclarecido como el Marqués de Iria y Premio Nobel de Literatura. La eminencia ligada a la eminencia, y la verdad clara y a la cara.

            Las palabras citadas se corresponden, casi al pie de la letra, con las iniciales del discurso de incorporación como Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de España en la especialidad de Traumatología y Cirugía Ortopédica de Pedro Guillén, que ocupa el sillón número 39, sucediendo a Don Hipólito Durán Sacristán.

            El Hijo Predilecto de Archena embelesó con una alocución que ocupa ciento veintisiete páginas de sabiduría y refiere setenta y siete citas bibliográficas, en las que se resumen el conocimiento acumulado por el poseedor de uno de las currículum vitae más extraordinarios de la historia de la medicina española, que se prologan por sesenta años de estudios y ejercicio profesional como doctor en medicina, cirujano, docente, investigador, gestor y mecenas de reconocimiento mundial. Pedro Guillén participó en la introducción en España de la artroscopia en 1977, tres años después mediante esa vía consiguió la reconstrucción del LCA de una rodilla, y en 2007 inventaría y realizaría la primera artroscopia sin cables; consiguió su doctorado con una tesis donde la célula es la protagonista estelar, en 1986; realizó con su equipo de colaboradores el primer trasplante en España de condrocitos autólogos para curar una lesión aguda de una rodilla; fundó la Clínica CEMTRO en 1998; realizó la primera intervención quirúrgica asistida con Google Glass, en 2013 desde un quirófano global; ha publicado artículos en Nature y el Cell, Science, Lancet, SECOT, Cartilage. Y, como él mismo diría, “un largo etcétera”.

            Todo ello quedó reflejado en la brillante contestación del Académico de Número, don Juan Jiménez Collado, quien glosó los principios vitales y las contribuciones científicas del nuevo académico.

            Pero si la Traumatología y la Cirugía Ortopédica es la especialidad con más amplitud de todas las médicas, los 206 huesos, 650 músculos, las 360 articulaciones, los ochenta y seis mil millones de neuronas del cerebro de Pedro Guillén le conforman como un varón muy inteligente, con una capacidad esencial: ser humano. La RANME es un destino maduro para un doctor de espíritu joven, con un compromiso permanente con la Medicina Regenerativa del Aparato Locomotor, así como con la investigación, pues como reitera “un hospital (una sociedad) que no investiga se empobrece”. Pedro es un profesional que habla claro y que ante los riesgos que suponen los avances, por ejemplo la posibilidad de modificar el genoma a voluntad y cambiar la especie humana, advierte a los gobiernos de su obligación de “elaborar normas o leyes que controlen a los laboratorios en su trabajo sobre genes o embriones”. Su secreto confesado, le gustaría “tener más hijos”, para avanzar en remedios curativos, para devolver al paciente las capacidades que la enfermedad le ha secuestrado, y para “desterrar la palabrería injustificada, sin garantías, de las terapias con células madre”.

            Así es Pedro Guillén, un ser excepcional, amigo de sus amigos, como los amantes de la verdad comprometida y de la referencia exacta, Camilo José Cela o José María García; de la la bonhomía y la eficacia como Alfonso Cavallé Sesé, como su admirado equipo de colaboradores en CEMTRO; como sus alumnos, entre los que destaco al orensano José Manuel Vázquez Álvarez, un genio; y tan natural como sus queridos hermanos Paco y Gregorio y como sus encantadoras cuñadas.

            Las Reales Academias son una referencia inexcusable de la eminencia, sus garantes lo son sus presidentes, como Joaquín Poch Broto, en la de Medicina, o Carmen Iglesias, en la de Historia -presente en el acto-, y sus miembros. La incorporación de Pedro Guillén es un manantial de Archena que riega con saber el Árbol de la Ciencia para obtener, como hicieron sus padres, los mejores frutos.

Alberto Barciela, periodista y amigo de Pedro Guillén

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