Algarabía

Qué cansado resulta todo esto! Cada mañana tengo la esperanza de que la ciudadanía en general no esté, como yo, pendiente del devenir de la vida pública. Lo mío, por afición y profesión, ya es un vicio. No sé si sabría vivir sin estar al tanto de los principales acontecimientos, de reflexionar sobre ellos, de consultar fuentes, de especular con los más cercanos, de opinar en público y en privado… Por eso hay momentos donde, como ahora, siento que las algaradas políticas resultan insoportables y temo por usted, por tantos pacientes lectores, quienes tal vez alberguen la misma sensación y estén tentados de dar un portazo y nos manden al carajo a cuántos hacemos de la realidad un teatro del absurdo. 
Entono un mea culpa inútil porque vuelvo a encender la radio, ver la televisión, leer los periódicos, recibir llamadas, entrar en las redes y el cóctel poco a poco se va convirtiendo en una pesada losa de palabras, sensaciones, disparates, amenazas… ¿Tendremos o no gobierno de izquierdas, de concentración, en minoría, débil o fuerte? ¿Hasta dónde llega el barro de la Gürtel, de los ERES, de la Púnica, de Cifuentes…? ¿Cuánto kilómetros ha dejado Cataluña de ser España? ¿Habrá que esperar a la muerte de Jordi Pujol para juzgar sus desfalcos, como sucedió con Gil y Gil? ¿Qué pasa con los históricos del PSOE, se han vuelto conservadores? ¿Es verdad que Aznar mueve los hilos del PP más reaccionario? ¿Está viniendo otra crisis o de nuevo nos engaña el capital, nos mete miedo para continuar agrandando la brecha entre ricos y pobres? ¿De verdad los sindicatos representan a los trabajadores y los protegen? ¿Por qué seguimos financiando a la banca privada si ya nos ha costado unos 1.500 € a cada ciudadano mientras sus accionistas engordan con los beneficios? ¿Por qué dejamos que nos privaticen la salud y el raciocinio? ¿Hasta dónde la Iglesia manda en la derecha e influye en la izquierda? ¿Es la justicia un poder realmente independiente? ¿Por qué tememos tanto a apagar la luz cada noche y a encenderla al venir el nuevo día?
No intente responder a estas ni a las otras mil interrogantes que pueblan nuestra cotidianeidad como banderitas de una verbena infinita. Porque, si lo hace, comprobará cómo estamos rodeados y regidos por una cohorte donde brilla más quien más grita y alcanza mayor audiencia quien emite el mayor disparate. No intente comprender por qué PP y C’s le reprochan a Sánchez su alianza con UP -¡gobierno social-comunista! = ¿judeo-masónico?- y al mismo tiempo le niegan la investidura sin ofrecer alternativa. No se atreva a justificar por qué la derecha necesita tanto de los independentistas para jalear, como la izquierda para gobernar. Tampoco logrará entender que Esquerra Republicana dude en abrir la puerta a un gobierno de izquierdas en España. Ni los imagine más felices votando al unísono con Vox, C’s y PP.
Tampoco piense que todos los políticos son iguales y se miden por el rasero de la corrupción. Aunque está claro que los golfos, gracias a los daños colaterales, han conseguido convertirlos en personajes con pies de arena. A cualquier presidente con base ideológica de hierro lo tumba ante los tribunales un director general corrupto. Al final de cualquier reflexión usted encontrará un motivo para temer por el futuro. Le diré que a mí esta algarabía, reino de los incompetentes e irreflexivos mediáticos, me hace temer que el 52 pronto pueda ser mayoría absoluta. 

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