Acotaciones

** Bloqueo y progresista. Han sido, con sus correspondientes derivados gramaticales, los dos términos más utilizados estos días por Pedro Sánchez. El primero, para referirse y acusar a otros. El segundo,  para ensalzar el preacuerdo suscrito con Podemos y sus planes de gobierno. El `primero, hasta nueve veces en la carta excusa que ha enviado a los militantes del partido. El segundo, hasta en siete ocasiones en la misiva de marras y tres, en el propio texto del convenio. Un Gobierno “rotundamente progresista integrado por fuerzas progresistas”. No sé si no habrá que pensar aquello del “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

** En la fría y deslucida celebración ante la militancia de la victoria electoral,  Sánchez hizo un llamamiento a todos los partidos a desbloquear la situación política que él mismo había bloqueado con anterioridad y que había derivado en la necesidad de las nuevas elecciones. A todos, “salvo a aquéllos que siembran el discurso del odio”. Es de suponer que, aunque sin citarlo por su nombre, se refería a Vox. Pero así lo decía quien menos podía  `predicarlo: el desenterrador de Franco. Y lo dice sin inmutarse lo más mínimo. ¡Qué gran actor hemos perdido!

** Si al decálogo de propósitos que Sánchez e Iglesias rubricaron a toda prisa y corriendo se le aplicase un detector de mentiras y falsedades, de inmediato saltaría una: el punto noveno, sobre la búsqueda de fórmulas de entendimiento y encuentro con Cataluña, “siempre dentro de la Constitución”. Se trata de  una vieja y engañosa cantinela.

Y es que las pretensiones de los independentistas no caben ni de lejos en la ley fundamental vigente. Por no caber, no lo harían ni el estatuto de 2006; un texto que ya les suena a más que rancio y periclitado incluso en la versión anterior a la sentencia del TC de cuatro años más tarde. Muy mucho me temo que al presidente vasco, Íñigo Urkullu, le asista toda la razón cuando en su jerga política que asumir la plurinacionalidad del Estado es necesario para avanzar en la solución del conflicto catalán.

**Al BNG habrá que cambiarle de nicho. Político, se entiende. Del nacionalista al independentista, deriva esta última que ha intensificado  de un tiempo a esta parte. Como se recordará, a las elecciones europeas de mayo fue en coalición con Bildu y Esquerra Republicana, bajo el lema “Ahora Repúblicas”, para frenar “el fascismo y la represión”.  Y en octubre último  firmó la llamada declaración de la Llotja de Mar con partidos soberanistas de Cataluña, País Vasco, Valencia y Baleares, aunque con el PNV como gran ausente, en defensa de los golpistas presos y del derecho de autodeterminación.  A lo mejor convendría ir tomando nota de cara a  las elecciones autonómicas de primavera.

** Pensiones. Como Sánchez no quiere cargar con el sambenito de haber sido quien agotara  la llamada hucha de las pensiones después de las muchas críticas que formuló cuando Rajoy hubo de echar mano de tal fondo de reserva, lo cierto es la ha dejado más que temblando, o mejor, casi vacía. Después de haber sacado de la misma 3.600 millones para  cubrir  parte los 19.000 millones de euros que suponen los pagos de diciembre, extraordinaria incluida,  ya sólo quedan sin tocar unos 1.500 millones, frente a los 66.800  que en su mejor momento (2011) llegó a atesorar.

Si no hubiera sido por esa cuestión de imagen, bien podía haberla  dado por finiquitada,  pues con lo que en ella ha quedado no tendrá ni para pipas cuando la vuelva a necesitar. No le valdrá ni para satisfacer el 20 por ciento de una mensualidad. Y ya no hablemos de la extra de junio del año que viene. Así pues, el Gobierno ha tenido que poner en marcha una enrevesada operación de ingeniería financiera para salir del monumental apuro.

Pero si la Seguridad Social tiene unos ingresos por cotizaciones de 123.500 millones de euros y se gasta en transferencias a las familias 154.600, lo lógico sería decirlo y explicarlo. Que los españoles sepan que existe ese agujero entre los ingresos que se obtienen por ese impuesto tan especial que son las cotizaciones sociales y el gasto en prestaciones, sean de la clase que sean. Y que sepan que ese dinero hay que buscarlo en otro sitio, en la recaudación del resto de impuestos que pagan cada día.

Será una de las cuestiones en que el vicepresidente de los social, Pablo Iglesias, tendrá mayores tiras y aflojas con Pedro Sánchez en el archirrepetido próximo “Gobierno de progreso” (si es que al final termina por salir adelante). Porque en otras políticas, como en las trabas a la educación concertada, uno y otro maúllan de la misma forma. Pero es de recordar que el líder de Podemos fue quien reventó un acuerdo en el seno del Pacto de Toledo a pocas jornadas de las elecciones de abril.

** La ministra y vicepresidenta in péctore Nadia Calviño ha sido uno de los miembros –pocos- del Gobierno que mejor imagen ha dejado. Se asegura que en Bruselas se mueve  con soltura, como funcionaria que es de las instituciones comunitarias  y directora general de Presupuestos de la Comisión Europea que fue durante cuatro años (2014-2018).

Pasa también por tener muy buenos contactos con el de momento comisario de Asuntos económicos y financieros, el socialista Pierre Moscovici.  Lo que sucede es que cada vez que manda un papel sobre previsiones para nuestro país, se lo devuelven con correcciones. Se ve que amiguiños, sí, pero…

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