Acuerdo exprés y abrazo

La escena previa al abrazo entre Sánchez e Iglesias que difundieron periódicos y TV es muy expresiva. A la izquierda están Iván Redondo, Alberto Garzón, Irene Montero y Adriana Lastra. En el centro Pedro Sánchez, que parece rendido, justifica desde el atril la firma del acuerdo y al fondo a la derecha  el vicepresidente “in pectore” contiene la alegría de estar a punto de “asaltar los cielos” humillando a su enemigo del alma.   

“O mellor de cada casa”, decía un paisano viendo el cuadro en una cafetería, y  apostillaba otro: “son os estadistas que decidirán o futuro de España”. En el Foro de A Toxa dijo Felipe González: “comparados con algunos, Rajoy y yo somos Churchill”. No hay más comentarios a la foto.  

Pero sí hay preguntas. La primera, elemental: ¿por qué Pedro Sánchez enredó durante siete meses, convocó unas elecciones tan costosas como inútiles y en 24 horas activó la firma de este acuerdo? 

En 2014 dijo que “nunca pactaremos con el populismo, su final es la Venezuela de Chavez, la pobreza…”. La pregunta es ¿renegó Iglesias del modelo bolivariano que defendió con tanto ardor?

En julio, dudaba de la capacidad de los ministrables de Podemos. “No se puede poner la Hacienda Pública en manos de alguien que no ha gestionado un presupuesto…”. ¿Adquirieron esa capacidad de gestión en cuatro meses?

“No dormiría, igual que el 95 por cien de los españoles, con Podemos en el Gobierno… Iglesias que habla de presos políticos y está a favor del referéndum de autodeterminación no puede gobernar España”, dijo en setiembre. ¿Profesa ya Iglesias la fe constitucional y cree en la calidad de la democracia española? 

Ese acuerdo -“ilusionante” para ellos- puede romper el bloqueo, pero Sánchez tiene que explicar a los españoles a cambio de qué pacta con ese Podemos que demonizaba, cuyo objetivo es destruir el “régimen del 78” y tiene un programa económico que espantará a los mercados e irritará a Europa, que también pedirán explicaciones, y empobrecerá al país.   

Abrazarse a Podemos es la enésima incoherencia de este Sánchez que cambia de criterio cada hora y acomoda sus principios al viento que más le conviene. Manuel Manquiña lo expresa con la frase genial: “como te digo una cosa, te digo la otra, y si te dijera la verdad te mentiría”.

España necesita un presidente menos osado y más sólido, con la cabeza más ordenada y que no mienta. Sus veleidades ponen en peligro la cohesión económica y social y llevan la nave del país al abismo. Con los españoles dentro. 

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