La gran olvidada

El diagnóstico ha sido unánime: la repetición electoral de ayer ha tenido lugar en un contexto económico cada vez más complicado y con reiteradas señales que apuntan a un frenazo mucho más intenso de lo anticipado hace unos meses. 

Así, el mercado laboral pierde fuelle; el PIB ofrece señales de agotamiento, a pesar del sorprendente repunte del consumo que han registrado los datos del tercer trimestre; el crédito cae; la inversión extranjera se desploma; industria, turismo y exportaciones acusan el descenso de la demanda exterior; la confianza del consumidor se hunde hasta mínimos de 2014. 

Y así sucesivamente. Todo parece muy negativo. Nos queda el consuelo de que otros países de nuestro entorno están soportando peor la crisis, enfriamiento o desaceleración, como quiera llamárselo. Hasta la ministra de Economía y  vicepresidenta  in pectore si Pedro Sánchez repite en Moncloa, Nadia Calviño, no quiere hablar de “crisis” a corto plazo, pero sí considera “indudable” que la ralentización “se deja sentir cada vez más”. 

En las previsiones presentadas el jueves,  Bruselas entiende que la zona euro ha entrado en una nueva era de crecimiento de mínimos. Si en los últimos cuatro años el PIB había aumentado entre el 1,9  y el 2,5 por ciento, ahora, estos porcentajes caen hasta situarse alrededor del 1 por ciento. Es lo que en lenguaje oficial llaman moderado, aunque suena más bien a exiguo, y además, con riesgos importantes en el horizonte a causa del complejo entorno internacional.

“Estamos en un llano, en una meseta”, dijo el comisario de Economía, Pierre Moscovici -siempre benigno con nuestro país tal vez por aquello de su filiación socialista- al presentar dichos pronósticos. Éstos  fijan un crecimiento del 1,1 por ciento este año en la eurozona, y del 1,2 en el 2020 y el 2021. Es decir, que la zona euro se queda  instalada en esta franja de crecimiento reducido para una buena temporada. “Entramos en un nuevo régimen de crecimiento, más moderado. Es el signo del nuevo periodo”, concluyó el comisario.

Desaceleración, pues, y baja inflación también para Europa y para España, a quien la Comisión Europea le reduce cuatro décimas la previsión de crecimiento tanto para este año, dejándolo en un 1,9 como para el 2020, cuando quedaría en el 1,5 por ciento. Esto es y aun así,  muy por encima de la media de la zona euro. Alemania, por ejemplo, sólo subiría este año cuatro décimas e Italia estaría rozando el estancamiento. 

Lo sorprendente es que, siendo así las cosas, los partidos hayan dedicado muy escasa atención al tema. La economía ha sido la convidada de piedra de la campaña electoral, polarizada  como ha estado  en torno a Cataluña y a los incendios provocados  por los encapuchados independentistas. 

También pactos postelectorales han tenido notable relevancia. Tal vez demasiada, teniendo en cuenta que en campaña los partidos se resisten a descubrir sus cartas.

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