Acotaciones

** No estaba el horno para bollos. Si en la noche del 28 de abril Pedro Sánchez dejó a su hinchada socialista celebrar por todo lo alto el triunfo electoral, el domingo pasado, a las mismas horas y en el mismo escenario, sede de Ferraz, el nuevo ganador de las elecciones tenía prisa. Quería a toda costa dar carpetazo a su comparecencia ante una concentración de afiliados menos numerosa y menos entusiasta que tiempo atrás. Pedía a sus seguidores que no le interrumpieran. Sólo la esposa del presidente daba saltitos de alegría por el estrado preparado al efecto. Pero estaba claro que ésta no era la gran noche que cantaría Raphael.

Y es que después de haber montado unas elecciones a su medida y de haber usado y abusado de las instituciones públicas en beneficio propio pensando que iba a salir reforzado de las urnas, perder 700.000 votos y tres escaños no podía ser interpretado más que como un notable fracaso personal y político.

Como comentaristas y tertulianos andaban centrados en el desplome de Ciudadanos y los pactos postelectorales, hasta que el presidente del PP, Pablo Casado, no realizó su comparecencia en la sede de Génova no quedó en suficiente evidencia, ya bien entrada la velada, que Pedro Sánchez había sido también uno de los grandes perdedores de la jornada.

Con sus forzadas elecciones, el a pesar de todo ganador de la convocatoria electoral dejaba un Congreso mucho más fragmentado e ingobernable que en abril; reducida en cinco puntos la distancia con el Partido Popular; crecido y enardecido al independentismo catalán; reforzados, a peneuvistas, bilduetarras y bloquistas, y pobladas las Cámaras de un reguero de grupos locales y regionales de complicado manejo negociador.

** Como bien se ha dicho, con estos mimbres Sánchez tiene a día de hoy aún más complicado formar Gobierno de lo que lo tenía hace cinco meses largos: no existe la posibilidad de hacerlo con Ciudadanos, que se ha convertido en una fuerza irrelevante; la irrupción de Vox le pone muy difícil al PP la abstención; y, finalmente, el pacto con Unidas Podemos sumaría diez escaños menos de los que sumaba y está a veinte de la mayoría absoluta.

El llamado Gobierno Frankenstein tendría que pasar, por tanto, por un pacto con no menos de cinco partidos. Y la ERC de Junqueras tendrá probablemente la llave tanto de la investidura como de unos futuros Presupuestos. Está claro, en suma, que la gran estrategia política de Sánchez y sus asesores ha sido un fracaso.

** ¿Panorama imposible? No diría yo tanto. Porque no es cierto que el sistema legal vigente encorsete más de lo razonable las salidas a la gobernabilidad después de unas elecciones. Si ha habido bloqueo, sus causas habrá que buscarlas en otro terreno, que no ha sido otro que la voluntad de Pedro Sánchez, el gran y principal bloqueador, a pesar de que él sigue exculpándose y acusando a otros de lo propio.

En realidad, el sistema pide muy poco. Lo que requiere es voluntad política. Por no ser imprescindible, no lo es el haber figurado como cabeza de la lista más votada ni ser siquiera diputado, como cuando el propio Sánchez fue ungido en junio de 2018 vía moción de censura.

A la hora de la verdad, para ser elegido presidente del Gobierno sólo deben cumplirse los requisitos que con carácter general se exige a todos los miembros del Ejecutivo y recogidos en la ley del Gobierno: ser español, mayor de edad, disfrutar de los derechos de sufragio activo y pasivo, y no estar inhabilitado para ejercer empleo o cargo público por sentencia judicial firme. Las posibilidades de encontrar salidas no son pocas.

Cabe también la eventualidad de que el propio Sánchez diera un paso al lado y que el partido propusiera algún otro nombre que de cara a la negociación y consenso hubiera roto menos puentes y que, por tanto, mejor facilitase la mayorías parlamentarias debidas. No creo que el malparado aspirante esté por la labor.

** Con su mensaje nítido y directo el tándem Santiago Abascal/Vox ha sido el gran vencedor de la jornada. En el debate televisado a cinco y en la misma noche postelectoral se pudo ver a un líder político que no era tan fiero como el sistema partidario y mediático le había demonizado hasta la extenuación. Decía cosas sobre el desparrame del sistema autonómico y el exceso del gasto público que han sintonizado bien con lo que preocupa a una parte del electorado.

Para otros, ha desmitificado una serie de cuestiones opinables que la izquierda ha elevado a la categoría de dogma y que la derecha clásica ha asumido sin necesidad. Ha dado el enorme salto de 24 a 52 escaños, ganado prácticamente un millón de votos y frenado el ascenso del PP. Por algo habrá sido. Su oficioso lema de “Vox, el voto seguro” ha resultado eficaz.

** Habrá que ver cómo traslada ahora su fuerza electoral a la labor parlamentaria de cada día, porque tendrá que pulir no pocas propuestas. Además, el tema de Cataluña contra el que ha sido tan beligerante como el que más y que tantos votos le ha dado es de esperar que no vuelva a repetirse al menos con la virulencia vivida en las vísperas mismas de la campaña.

** Por cierto: los directos de las televisiones, casi sin comentarios verbales añadidos, sobre los incendios de las principales calles de Barcelona de días atrás, han prestado un enorme servicio informativo y público. Una vez más la imagen ha valido más que mil palabras. Con el juicio en directo de los golpistas catalanes en el Supremo sucedió un poco lo mismo. La mejor manera de comprobar algo es verlo.

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