El socialismo español y el concepto de España

El ex dirigente de UGT y miembro del PSOE, José Luis Corcuera, se cansó en su tiempo de decir que el PSOE no fue nunca un partido federalista (con independencia de su estructura funcional). En ese sentido, cabe recordar que el propio Julián Besteiro lo dejó claro en una entrevista publicada en el periódico “El Sol”, el día 3 de junio de 1931, en los inicios de la II República en la que afirma: “Si se intentase someter a toda España a un esquema de República federal se cometería, a mi juicio, un grave error”. En esa misma dirección, Fernando de los Ríos, propugnaba que un buen socialista debe pensar primero en España, luego en el partido y luego en sí mismo. 
En un memorable artículo publicado en marzo de 2001, en el ABC, sobre la “nacionalización de España”, el catedrático de Derecho Constitucional Manuel Jiménez de Parga escribía “Era impensable, en el primer tercio del siglo XX, que uno de nuestros maestros hubiese dudado, o tuviere recelo de clase alguna, al utilizar la palabra «España». Por el contrario, en todos ellos se nota un acercamiento sentimental a la idea de España. Flotaba en el ambiente lo que Antonio Machado hace decir a Juan de Mairena: «La patria es, en España, un sentimiento esencialmente popular (…) Si algún día tuvierais que tomar parte en una lucha de clases, no vaciléis en poneros del lado del pueblo, que es el lado de España”.


En la obra de Indalecio Prieto en el exilio, aparecen frecuentes alusiones nostálgicas a la idea de España como patria común que añora con especial dolor. Y en ese mismo sentido, Jiménez de Parga apuntaba que “fueron precisamente los catedráticos de orientación izquierdista quienes defendieron con más ardor la utilización de la palabra «España», sin admitir en su vocabulario expresiones del estilo de «Estado español» o «nuestro país», de uso ahora frecuente, lamentablemente, pienso yo”.
Esa vinculación del socialismo con la idea de España como un todo de todos, en el que abundan los ejemplos en todo tiempo y situación. En el Manifiesto-Programa del Comité de Huelga de la UGT y del PSOE, dirigido «A los obreros y a la opinión pública», el 12 de agosto de 1917, se termina de este modo: «Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español, y solicitamos vuestro concurso. ¡Viva España!». Este grito, «¡Viva España!», fue lanzado entonces por Largo Caballero y Daniel Anguiano, en nombre de la UGT, y por Besteiro y Saborit, en nombre del PSOE, como subraya el propio Jiménez de Parga, quien concluye: “La preocupación del momento era nacionalizar España, una misión que para Indalecio Prieto equivalía a levantar España. «Nosotros queremos multiplicar la capacidad espiritual de España, porque al levantar al ciudadano español, levantamos a España, y al levantar España, hacemos patria». Son palabras de un mitin en Cuenca.

El 15 octubre 1941, el socialista Indalecio Prieto escribe “El señor Alfonso Alamán –con quien mantiene una polémica- escribe: dice de mí que soy medularmente español. Nada más cierto. Español por encima de todo. Es el título de que más me vanaglorio y no deja de conmoverme el verlo reconocido por los demás. Hace cerca de dos años, ya en la expatriación, definí mi nostalgia de España así: «No hemos perdido la fe. ¡No la he perdido yo, tildado, no sé si sin razón o con justicia, de hombre escéptico! ¡Tenemos fe! ¡Tengo fe en nuestra España, en los destinos de la Patria inmortal, y todos ansiamos volver a ella! Quienes todavía sean jóvenes, para rendirla el tributo de su esfuerzo y quienes hayan doblado la cúspide desde donde se puede contemplar serenamente la vida, con la santa ambición de devolverla nuestros huesos, para que la savia que reste en nuestros despojos pueda ser raíz de árbol, espiga de trigo, tallo de flor, o, más humildemente, musgo pegado a las viejas piedras del solar español. (Libro “Palabras al viento”, páginas 209-210, México, editorial Oasis, 2ª edición 1949).

Frente a esa postura histórica, a ese sentimiento unívoco sobre España, a partir de Zapatero se adultera ese sentimiento y se extiende de modo sorprendente a otros ámbitos del PSOE, aunque luego se dé marcha atrás, como haría el propio Felipe González quien, tras la sentencia del Constitucional sobre el Estatut de 2006, en un artículo publicado el 26 de julio de 2010, en el diario “El País”, firmado al alimón con la entonces ministra de Defensa Carme Chacón, promovía una «España como ‘Nación de naciones'» y criticaba abiertamente el recurso del PP sobre el Estatut de Catalunya ante el Tribunal Constitucional. Y entre otras cosas afirmaba: «La concepción de España como ‘Nación de naciones’ nos fortalece a todos» 

Ya en 2004, en una comparecencia en el Senado, Zapatero había remachado, como si fuera un expert politólogo y constitucionalista una idea anterior: “si hay un concepto discutible y discutido en la teoría política y en la ciencia constitucional» es precisamente el de nación.. Es algo que, en efecto, sabe cualquier estudiante de Derecho”. Curiosa afirmación en que tardó el doble de lo ordinario en acabar la carrera.

Hay seguimos: Pedro Sánchez se ha cansado de decir que Cataluña es una nación y que España es una “nación de naciones, formada por Cataluña, el País Vasco, Galicia y España”. Es un verdadero gerogrífico, ya que el definido no puede entrar en la definición. Todavía no sabemos que quiere decir el doctor Sánchez a que se refiere con esa cuarta España como sujeto distinto de la propia España. Tras el debate de día 4 de noviembre seguimos sin saberlo.

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