Once de once

El fútbol sigue siendo el gran deporte de masas. Es la especialidad deportiva que mueve el mayor número de espectadores que ahora todos los días de la semana, excepto el lunes de momento, suelen tener distracción televisiva o en directo viendo como los jugadores, los más remunerados del arco deportivo, suelen buscar los mejores resultados para seguir manteniendo la confianza de los seguidores que son, al fin y a la postre, los que producen las grandes mareas en los equipos de fútbol con ceses de entrenadores y lugares no deseados para los que viven de darle patadas al balón.

Hace unos días por primera vez, que yo recuerde, la selección española de fútbol en su equipo inicial estuvo conformada por once jugadores de otros tantos equipos. O sea: pleno Once de Once. Lo habitual, cuando leíamos una formación, era que la base fundamental del equipo nacional estaba integrada por jugadores de los dos equipos más potentes: blancos y azulgranas. Los restantes puestos eran ocupados por jugadores que destacaban en sus clubs de cabecera y lo hacían de forma individual.

Once de Once me pareció algo extraño a primera vista. Se trata de jugadores que llegan a la selección con distintos estilos de juego que luego hay que ajustar de manera complicada cuando se enfundan en la elástica nacional.

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