En qué manos estamos …

El centro de investigaciones sociológicas publicó la semana pasada el barómetro del «estado de ánimo» de los españoles dos meses después de realizadas las encuestas y eso le resta credibilidad porque lo que pensaban los ciudadanos el 16 de julio sobre estimación de voto o valoración de los políticos no coincide con lo que piensan hoy. 

Desde entonces se celebró el debate de investidura, se escucharon los enfrentamientos de los líderes de los partidos, presenciamos el espectáculo bochornoso del «duelo de egos» entre el presidente en funciones y el líder de Podemos y el esperpento de las reuniones de sus respectivos equipos que fueron a la mesa de negociación a perder el tiempo. 

¿De qué hablaron en tantas horas de reunión? Es un misterio. Se sabe que el gran tema fue el impúdico mercadeo del reparto de cargos, con instituciones importantes del país en almoneda, y no consta que debatieran sobre un programa para gobernar. La farsa culminó -hasta ahora- con la oferta de Iglesias de un Gobierno «en prácticas», una propuesta ofensiva en una democracia seria como la española. 

Pero el CIS recoge también el sentimiento que despierta la política en los españoles. El diccionario de la RAE define la voz «sentimiento» como «estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente» y el barómetro apunta que en la gente predominan los sentimientos de desconfianza, aburrimiento e indiferencia. 

A día de hoy los ciudadanos, al menos los gallegos, son más duros y dicen estar hartos, decepcionados e indignados. Y cansados de la farsa que están protagonizando unos políticos inmaduros e irresponsables que, por despreciar la voluntad popular, no tienen capacidad para regir el destino del país. 

Los Sánchez, Iglesias, Casado y Rivera, los cuatro responsables -aunque en distinta proporción-, podrían acabar con el bloqueo si adoptaran la fórmula exitosa de la gran coalición entre el SPD y la CDU en Alemania. O aprendieran de Italia como se resuelve una crisis de calado en un momento crítico para el país. O tomaran nota de la sensatez de Feijoo que propone un gobierno de gran coalición en España. 

Pero «lasciate ogni speranza». Estos tipos carentes de ideas, de experiencia política y de sentido de Estado, están muy cómodos en sus jaulas de oro defendiendo sus intereses personales y partidarios y «pasan» de las graves consecuencias para el país de tan larga parálisis, que ya empezamos a pagar todos. ¡En qué manos estamos!

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