Delirios del independentismo

Es difícil enumerar todas las “paranoias” –antes se llamaban “paridas”– del independentismo catalán que manipula los hechos históricos, económicos y culturales para convertirlos en mentiras descaradas, y promueve y justifica actuaciones que, vistas desde la estabilidad de Galicia y de la sensatez del pueblo gallego, son como patologías que conducen a la estupidez y al ridículo. 

Tienen obsesiones permanentes, como desprestigiar a España que “nos roba” y a su democracia represora, llamar presos políticos a presuntos delincuentes, defender el derecho unilateral a decidir o la barbaridad de que la democracia está por encima de la ley. 

En lo que va de verano tampoco defraudaron, aunque en este comentario solo cabe una muestra pequeña de sus desvaríos. Empezando por el más indecente, impresiona que una niña de 10 años fuera agredida por su profesora por pintar la bandera y escribir ¡Viva España!. Una prueba más de la manía al castellano, el segundo idioma más hablado del mundo, que también boicotean la portavoz de la Generalitat y el presidente de la Cámara de Barcelona que solo contestan preguntas en catalán.

Es una demencia económica que la Asamblea Nacional Catalana lance un buscador online para apoyar las empresas afines al procés e inste a boicotear a las “españolas”. Igual que el desplante al Jefe del Estado y a los invitados al Salón Internacional de la Logística, una feria que reunió a 700 empresas y dejó muchos euros en Cataluña. 

Es una imbecilidad que la consejera de Agricultura apadrine una cerveza con el lema “Fuck Spain”, dicho en castizo, “jódete España”. Igual imbecilidad es el último infundio de Puigdemont que vincula el atentado terrorista de hace dos años con un complot entre el CNI y los líderes yihadistas autores de la masacre.

¿Hay alguna explicación a tanto delirio? Hay una: ellos viven de esas ensoñaciones -¡y qué bien viven!-, claro que a cuenta del Estado español que quieren destruir. Su fanatismo les nubla la mente hasta perder la noción de la realidad. 

¿Hay algún remedio? La fantasía independentista se curará antes tratándola en el diván del psiquiatra que con un dialogo civilizado, que es imposible mantener con aquellos cuyo modo de vida depende de no dejarse convencer.    

Dejo para otro día un comentario sobre la fortuna de los Pujol cifrada en 290 millones por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal –UDEF–. Seguro que el patriarca del clan ya sabe ahora “qué coño es eso de la UDEF”.

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