Relaciones con Marruecos y problemas con marroquíes en España

Hace unos días, el Doctor Sánchez y su compañero de partido José Luis Rodríguez Zapatero coincidían en sendos artículos calcados, resaltando los beneficios que, a su entender, depara la vecindad con Marruecos, sin la menor alusión crítica a los problemas que nos depara como plataforma de la inmigración ilegal y otros episodios cíclicos o presentes, como el de los 12.000 menores no acompañados que nos ha enviado o la propia denuncia que en su día realizó el Tribunal de Cuentas, quien señaló la incongruencia de que nuestro país pague a Marruecos por la asistencia sanitaria que presta en su territorio a sus nacionales, que debido a diversas circunstancias son beneficiarios de nuestra Seguridad Social, aunque sigan en Marruecos, por ser parientes alistados por magrebíes que trabajan en España. Y eso sin contar las cíclicas entregas para ayudarlo a controlar la emigración.

Pero hay otras cuestiones que preocupan a largo plazo y que para algunos son meras fantasías o lucubraciones; es decir divagaciones mentales sin fundamento. A veces olvidamos que Marruecos reivindica de cuando en vez como parte de su territorio histórico lo que fuera el Reino Nazarí de Granada, de suerte que llegaría hasta los montes de Toledo, obviamente incluyendo Canarias, Ceuta y Melilla. En España crece el número de inmigrantes extranjeros en edad militar, especialmente marroquíes, que siguen llegando cada día. Ello provoca que algunos analistas militares empiecen a advertir de los riesgos teóricos que pudieran derivarse a largo plazo, según evolucione la economía y la geopolítica. Lucubraciones, sin duda.  

Pero crece el número de los marroquíes entre los inmigrantes ilegales que llegan a España, varones, tanto de mayores como menores de 18 años. De los primeros ya suman 12.000 y siguen llegando. Sólo en Barcelona, según datos oficiales, 2 de cada diez ya tienen antecedentes por delitos violentos cada vez más graves. Es también relevante el porcentaje de delincuentes marroquíes en las cárceles españolas. La población inmigrante marroquí cometió en 2015 el 18% de los asesinatos cometidos en España. Entre los extranjeros presos en cárceles de nuestro país ocupan el primer lugar. Suponen el 10% del total de la población reclusa y el 25% de los extranjeros encarcelados en nuestras cárceles. Solamente el contingente de rumanos residentes en España supera en número total de delitos a los procedentes de Marruecos, pero mientras que los norteafricanos concentran los crímenes de mayor gravedad –asesinatos, violaciones, maltrato o tráfico de drogas-, los procedentes del este de Europa se centran en hurtos y robos a pequeña escala.

Basta con asomarse a las redes sociales para observar un creciente crecimiento del rechazo hacia determinados inmigrantes magrebíes y argelinos implicados en actividades delictivas de lo más diverso. Y esa crítica se extiende a los medios que ocultan la nacionalidad de procedencia de algunas de las personas que comenten determinados y frecuentes delitos, para evitar que cundan sentimientos de xenofobia o racismo, según se justifican, si se logra el efecto contrario. Ocultar lo que simplemente es un dato está provocando lo contrario de lo que se pretende

En un comentario sobre Estudio del Real Instituto Elcano en torno las relaciones de España con Marruecos Haizam Amirah Fernández escribe “Dos rasgos han caracterizado tradicionalmente las relaciones entre España y Marruecos: su complejidad y los frecuentes vaivenes. La proximidad geográfica, sumada a la presencia de una importante comunidad marroquí en España (más de 800.000 personas), al diferencial de renta per cápita (27.095 euros frente a 2.825 euros en 2014, según el Banco Mundial) y a las diferencias políticas, demográficas y culturales, suponen un terreno abonado para las divergencias y fricciones”. 

Conviene recordar que en Perejil lo que hubo fue un riesgo de conflicto armado. La ocupación de la isla por la gendarmería marroquí y el asalto posterior que protagonizaron unidades especiales españolas, hicieron que se rozase la guerra «caliente». Paradójicamente, el presidente Zapatero llegó a otorgar durante su mandato la Cruz de Carlos III al mismo ministro del Interior marroquí, responsable del desembargo en la isla, Driss Jettou. Y no olvidemos que la decisión de ocupar el islote fue tomada directamente por el Rey de Marruecos y las reivindicaciones marroquíes sobre espacios territoriales españoles siguen presentes: el gobierno marroquí reivindica cinco territorios españoles, pero el Islam marroquí reivindica mucho más. 

Los marroquíes suponen actualmente el 15,15 % de la población extranjera registrada en España. Entre 2010 y 2015 España concedió la nacionalidad a 127.474 marroquíes (de un total de 211.709 entre 2000 y 2016), suponiendo el sexenio con mayor número de nacionalizaciones. Llama la atención el número de niños marroquíes escolarizados en España, que ha subido drásticamente de los 137.828 en el curso 2014-2015 a los 174.774 en el curso siguiente, lo que da una idea de que la población marroquí tiene un perfil muy joven.

En cuanto a su condición laboral, un 39 % de la población marroquí de 16 a 64 años estaba afiliada a la Seguridad Social en 2016, y un 22 % de la población de esa misma franja de edad estaba desempleada.

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