Pobreza, una realidad

No me gusta que la pobreza, la adulta ni la infantil, sirva de confrontación dialéctica, subida de tono, en el salón de plenos del Parlamento de Galicia. Hace muy pocos soles que integrantes del grupo mayoritario gallego y de la oposición se enzarzaron, como púgiles de baja estofa, en una larga incontinencia verbal sin reparar en el daño que pudieran hacer a las personas que diariamente sufren la tremenda lacra de la falta de recursos, de la pobreza más clara en su larga y extensa definición.
La discusión parlamentaria se centró en un debate sobre datos y referencias relativas a la pobreza, fundamentalmente infantil que, por desgracia, aumenta en los hogares gallegos. Y el tema se sacó de contexto cuando en la misma diatriba oratoria se desviaron las afirmaciones hacia el hambre que pasan nuestro menores –entre 0 y 16 años–, según datos que se imputaron a diversas instituciones y ONG que trabajan en el campo de la ayuda y solidaridad a los más necesitados. Se trata de estudios demoscópicos de organismos que dependen de las administraciones central y autonómica –INE e IGE–, que son los faros que guían a los que deseen trabajar en el campo de la realidad social.
No puedo olvidarme del término apocalíptico utilizado por el presidente de la Xunta de Galicia en sede parlamentaria cuando se debatió en términos de pobreza. Al jefe del Ejecutivo gallego le recuerdo que, por muchas vueltas que se le dé, en Galicia hay pobreza infantil. Por este motivo le aporto una serie de datos que a primera vista parecen fríos pero que son realistas: en Galicia 465.852 personas están situadas por debajo del umbral de la pobreza según la Encuesta de Condiciones de Vida 2012 del INE.
Y la tasa de pobreza infantil en niños menores de 16 años la fija el IGE en el 22,2 por ciento. En una palabra, que más de 82.000 niños sufren los rigores de esta lacra que si no la detenemos los puede ir acercando peligrosamente a la exclusión social.
Pese a los indicadores macroeconómicos, que apuntan a una recuperación de la economía española, lo cierto es que la pobreza podría incrementarse más si no sabemos o no queremos ponerle freno.
Sin crecimiento económico es imposible la estabilidad de las sociedades, como también son necesarias las políticas redistributivas y de justicia social. Los empobrecidos siguen estando ahí. La pobreza es una realidad. No podemos mirar para otro lado, y mucho menos hacerlo las personas que manejan los presupuestos económicos y aprueban leyes con las que se les puede ayudar.

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