Aquellos 25 de julio

Como periodista la fecha del 25 de julio significaba un trabajo, una tarea, una labor profesión muy tensa e intensa tanto en las épocas predemocráticas cómo las democráticas de la Transición. Era el día de mayor trabajo profesional de todo el año. Los actos se sucedían a gran ritmo y en distintos puntos y frentes de la ciudad que siempre estaba tomada por las Fuerzas de Orden Público, para que no se produjeran-que si se solían producir-, desmanes por parte de los más reivindicativos y alborotadores entre el gran gentío de personas que salían a las calles y rúas de Compostela.

Fueron épocas en las que los medios de comunicación tenía que redoblar esfuerzos para estar presentes en todos los acontecimientos que se iban encadenando, desde los actos religiosos de primera hora de la mañana, a las manifestaciones reivindicativas en las calles con miles de personas, pasando por una misa votiva de tarde de gran  calado social y de afirmación de nuestras raíces gallegas, y la presencia en las calles de grupos  bastante minoritarios defendiendo lo indefendible en aquellos momentos que era la confrontación  y la lucha a todos los niveles.

El Día Nacional de Galicia, para conmemorar la festividad del patrón de España ,el apóstol Santiago; el Día da Patria Galega, convocado desde sus inicios por la APG y BNG, para recorriendo las calles de Santiago , con un despliegue policial inusitado, defender la condición nacional de Galicia, y la misa en Santo Domingo de Bonaval, lugar emblemático donde colectivos sociales, culturales y políticos, defendían la cuestión nacional y estatutaria de Galicia con una celebración en gallego, de la que los asistentes solíamos salir con un cordón policial que en verdad imponía. Sin lugar a dudas entre las paredes donde reposan grandes ilustres galleguistas, el acto convocado por el Patronato Rosalía de Castro era el que albergaba más esencias y más reivindicaciones de la Galicia que en aquellos momentos querían la mayoría del pueblo gallego. Y entre todos estos acontecimientos los saltos permanentes en las calles de grupos minoritarios que tenían como fundamento de su reivindicación la lucha armada o la quemada de la señera nacional.

Al igual que ahora cada uno recordaba la efeméride como consideraba oportuno. Eran épocas en las que la reivindicación estaba tanto en la calle como entre las paredes eclesiales por parte de los oferentes, religiosos o seglares, encargados de pronunciar los mensajes. Eran épocas en las que miles de personas procedentes de toda Galicia salían a las calles de Compostela intentando siempre llegar a la Quintana para dejar entre las piedras y tumbas centenarias las reivindicaciones sobre Galicia. Todo igual que ahora pero con serias divisiones entre los que forman el arco nacionalista. La celebración religiosa sigue igual, lo mismo que la misa rosaliana que se fue convierto por naturaleza propia en un acto más cultural que reivindicativo.

Y entre todos estos hechos que les comento tengo que decir que han transcurrido largas cuatro décadas. Los años pasan para todos…

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