El feminismo para Carmen Calvo

Carmen Calvo ha indicado para contestar a la pregunta de una periodista que el feminismo pertenece al socialismo y a la izquierda. Ciertamente, resulta extraño que la misma mujer que dijo que “el dinero público no es de nadie” no piense lo mismo del feminismo, sobre el que debería decir que pertenece a todos o que, al menos, no se le debe atribuir a nadie, como “el dinero público”. Sin embargo, no es extraño el planteamiento de Carmen Calvo, que parece pensar más en el feminismo como un instrumento político electoral que como una herramienta para lograr importantes mejoras en la sociedad para todos.

El feminismo siempre se ha entendido como una posición ideológica que pretendía alcanzar la plenitud en la igualdad entre el hombre y la mujer, de manera que no exista discriminación alguna por razón de sexo, un factor que, aunque sea diferenciador en cuanto a los aspectos biológicos, no puede servir para distinguir a las personas en lo que se refiere a los derechos y a los deberes.

Podría encuadrarse el razonamiento de Carmen Calvo en una especie de feminismo selectivo o sectario, de forma que solo alcancen la plenitud en la igualdad por sexos aquellas mujeres que voten al PSOE. El problema es que, con ese silogismo, se desvirtúa el feminismo y se convierte en un elemento que solo sirve para generar conflictos y diferenciar por razón de ideología, provocando que haya determinados sujetos con privilegios por su pensamiento o su afinidad política frente al resto.

El feminismo se ha transformado en una bandera para atraer votos y atarlos en las tinieblas de un partido político, el PSOE, que parece vivir por y para el poder, al igual que otros como el PP, aunque la formación de Pedro Sánchez intenta apropiarse de toda tendencia ideológica moderna que asoma a la calle si la misma le ayuda a mantener el dominio del Gobierno.

Carmen Calvo ha logrado confirmar algo que ya se podía sospechar: que no cree en la igualdad efectiva. Tampoco la conoce, pues ya indicó hace tiempo que había que reformar la Constitución para que reconociera la igualdad entre mujeres y hombres, que ya se encuentra establecida en el artículo 14 de la norma, precepto sobre el que la Sentencia del Tribunal Constitucional 75/2011, de 19 de mayo, que establece el alcance de la igualdad en la Constitución al indicar que, “como recuerda la STC 125/2003, de 19 de junio, el principio de igualdad prohíbe al legislador “configurar los supuestos de hecho de la norma de modo tal que se dé trato distinto a personas que, desde todos los puntos de vista legítimamente adoptables, se encuentran en la misma situación o, dicho de otro modo, impidiendo que se otorgue relevancia jurídica a circunstancias que, o bien no pueden ser jamás tomadas en consideración por prohibirlo así expresamente la propia Constitución, o bien no guardan relación alguna con el sentido de la regulación que, al incluirlas, incurre en arbitrariedad y es por eso discriminatoria””, debiendo destacarse que “sólo ante iguales supuestos de hecho actúa la prohibición de utilizar “elementos de diferenciación que quepa calificar de arbitrarios o carentes de una justificación razonable” (STC 39/2002, de 14 de febrero, FJ 4), razón por la cual toda alegación del derecho fundamental a la igualdad precisa para su verificación un término de comparación adecuado, elemento de contraste que ha de consistir en “una situación jurídica concreta en la que se encuentren otros ciudadanos u otros grupos de ciudadanos” (ATC 209/1985, de 20 de marzo, FJ 2)”. Sobre la igualdad por razón de sexo, la Sentencia del Tribunal Constitucional 166/1988, de 26 de septiembre, que Carmen Calvo debería leer, afirma que “no debe ciertamente olvidarse que la expresada exclusión de la discriminación por razón del sexo halla su razón concreta, como resulta de los mismos antecedentes parlamentarios del art. 14 C.E., y es unánimemente admitido por la doctrina científica, en la voluntad de terminar con la histórica situación de inferioridad en que, en la vida social y jurídica, se había colocado a la población femenina”.

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