La estrategia de la derrota

Debe ser esa vorágine ya diaria que trae el verano, dilatando los días con ese movimiento terráqueo que de alguna manera parece afectar tácitamente a nuestro cerebro y que hace perder los equilibrios en muchos andares. Así nos encontramos a pocos días de afrontar la esperada investidura del líder socialista, aupado por los buenos, o quizá no tanto, resultados de las elecciones. Lo malo de todo esto es que los primeros andares que parecían extremadamente fáciles en aciertos, han ido deslumbrando un paseo árido entre los escollos que han sido capaces de poner absolutamente todos al hacer camino… ese camino que tanto preocupaba a un poeta como Machado. España tiene tantos caminos… y en lugar de aprovechar las sendas diversas, siempre nos empeñamos en defender el terruño del que nos creemos dueños y poner cancelas a cualquier atisbo de coexistencia. Tanto hablar de bloques, y perdida la idea de la centralidad, poco esfuerzo se espera para darle cuerda al reloj del tiempo para este país.
Entender los acuerdos en la humillación del que tenemos enfrente nos ha traído desde hace ya mucho tiempo desesperanzas en nuestra gestión diaria, tiempos perdidos entre convocatorias de elecciones y finalidades más individuales que colectivas. Tal vez esto último sea lo más denigrante. Se está poniendo de moda eso de vetar candidatos. Las siglas, que, por cierto, son a las que nos llaman a votar, quedan escoradas en este bulevar de las vanidades en el que se ha convrtido este corrillo de política de casta donde ya no existe la mesa y la silla para conversar. A cambio, nos dejan un infantil puñado de mensajes on line para que los partidarios hagan buenas campañas propagandísticas para ver quién la escupe más alto.
No son buenos tiempos para la política de todos, la que gestiona la sociedad de arriba a abajo. No son buenos tiempos para revisar estereotipos y mejorar nuestra democracia interna como ciudadanía. No son buenos tiempos para el futuro que desabrocha nuevas vigilancias para crisis que parecen acechar a esta limitada recuperación de solamente casi nadie.
Mientras tanto, nos queda seguir enchufados a los medios de comunicación para ver en que mano de la partida andamos. La derecha, tras sus máximos circunloquios para autojustificarse en apretones de mano por la espalda, regozija su pseudovictoria con el aquelarre de los otros. Es interesante consegurir victorias sin mover un dedo. Algunos siempre han tenido esa suerte. Y los otros, esa fraccionada izquierda que siempre sabe más de diferencias que de cohesión, provoca siempre el despropóisito de la oportunidad perdida. Al final, tanto hablar de la memoria histórica para no respetar a tantos que dejaron su vida por la concordia.
Tras semanas de mentiras, exabruptos, silencios, sonrisas escabullidas, mandíbulas tensas, cargos y carguitos, reuniones y desuniones… sería el momento de reflexionar sobre este embrollo y, apoyados en la ventana de cualquier despachito, pensar, como nuestro admirado Paulo Coelho, sobre aquello de que existen derrotas y que nadie está a salvo de ellas, «por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando». Siendo todavía los días más largos, la posibilidad de reflexionar se hace más llevadera; y a lo mejor, mientras, los obligados a representarnos puedan llegar a recorrer los mismos caminos que el resto de los mortales recorremos cada día a pesar de las derrotas y los sueños.

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