Discurso ejemplar

La izquierda del Parlamento de Estrasburgo no se ha salido con la suya; esto es, con la pretensión de colocar al frente de la más importante institución comunitaria al socialista holandés Frans Timmermans en detrimento del Partido Popular Europeo, ganador de las elecciones de finales de mayo. No le han valido vetos ni maniobras. Al menos en esta ocasión se ha respetado el resultado de las urnas y tras una más que ajustada votación la conservadora alemana Úrsula von der Leyen ha visto confirmada su inicial nominación a presidir la Comisión Europea.

Encaje de bolillos políticos ha tenido que hacer para vencer las resistencias y divisiones que anidaban en la Cámara. Aparte de planteamientos ideológicos, muchos europarlamentarios no le perdonaban su llegada a tan alta responsabilidad a través de un sistema al margen del último acordado, según el cual debería haber sido elegido uno de los cabezas de cartel de los grandes partidos. Y ella ni siquiera había sido candidato.

Cierto es que no las tenía todas consigo, como bien lo demostró el gesto de alivio con que recibió del resultado de la votación secreta y en urna que acababa de tener lugar. Como si hubiese superado el sofoco de una dura oposición profesional. Por primera vez en cinco décadas Alemania asumía el puesto y lo hacía en un momento clave para la necesaria redefinición de la propia esencia de la Unión Europea. Y por primera vez también una mujer quedaba llamada a ocupar el cometido más relevante de la UE.

A juicio de buena parte de los analistas, su discurso ante la Cámara resultó decisivo a la hora de superar reticencias. Fue un mensaje convencido y convincente; atento a las principales sensibilidades de las grandes familias políticas concurrentes. Todo un curso de pactismo. Fue con toda probabilidad el más importante de su dilatada trayectoria política, tanto por el momento como por el alcance de sus propuestas. A juzgar por las informaciones que nos han llegado, no le han llovido más que flores: europeísta, feminista, verde, social y defensora de unas “fronteras humanas” para el fenómeno migratorio. Hasta recomendable para su enseñanza en las escuelas, se ha dicho.

Falta le hará todo porque los retos de la nueva etapa europea no son pequeños. Y es que Bruselas tendrá que gestionar dentro de poco la previsible primera marcha de un país de la UE, habida cuenta de que el bréxit se puede materializar en octubre si es que tanto la Comisión como Londres mantienen sus actuales posiciones. Al mismo tiempo tendrá que ir trazando una nueva relación con quien al otro lado del Atlántico y desde la segunda guerra mundial ha sido el aliado natural de Europa, pero que con Trump a los mandos del poder en Washington ha tomado una decidida deriva en favor del proteccionismo y en contra de las organizaciones multilaterales.

Ya más en el orden interno, el aumento de Gobiernos de corte antieuropeo añadirá más dificultades a la gestión, en especial en materia migratoria. Y tendrá que completar el diseño de la eurozona en un momento de frenazo de muchas economías. En los cinco años de mandato que tiente por delante la señora Von der Leyen tendrá que emplearse a fondo.

A la vuelta del verano, la Eurocámara votará de nuevo; a ella y a su equipo de comisarios en bloque. Y ya se sabe: la izquierda no suele olvidar.

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