Los amantes despechados

DOS décadas atrás una editorial catalana me encargó un manual que había de responder al título de «Cómo ser infiel sin que te pillen». Me puse a ello con verdadero interés y diversión. Establecí el índice temático y los puntos básicos sobre los que escribir. Al editor le gustó el planteamiento y la estrategia literaria propuesta. Parecía amplio e, incluso, interesante. Naturalmente, además de imaginar situaciones y resolverlas retóricamente, necesitaba de experiencias reales con las que contrastar las teorías. Recurrí a los archivos librescos, a las confidencias de amigas y amigos, a las páginas de sucesos, a los rumores… y para mi desdicha la mayoría de mis tesis iniciales, de salir con fortuna de aventuras amorosas infieles, triángulos sexuales y pactos secretos, acabaron siendo peregrinas. Si no todas, la mayoría. Conclusión primera, el libro nunca salió de mi ordenador.

Conclusión ejemplar. Un par de semanas atrás en un artículo en otro diario comparé la situación de PP, Cs y Vox con un triángulo amoroso en el que Casado representaba al macho alfa, Rivera a la pareja oficial y Abascal a la querida secreta. Basándome en mi experiencia acumulada para el manual, predije que la amante no dudaría en hacer valer sus propósitos y derechos. Anuncié que los pactos secretos entre alfa y la «otra» daban una ventaja estratégica a Vox sobre Cs. Supuse que la «oficial» no tardaría en pillar al engañador y la «oculta» en estallar ofendida. De acuerdo, no había que ser profeta para ello. Pero lo que nadie esperaba era una ruptura de vodevil tan inmediata como la acontecida en el pleno de investidura del aspirante a presidente de Murcia. En él han intervenido todos los elementos habituales, las mentiras, las traiciones, las ofensas cruzadas, las puertas ocultas, los armarios dobles, las mesas con oídos… En el índice de mi libro non nato se contemplaba un caso similar. Todos pillados por todos.

Pero, ¿quién es aquí el amante despechado? En una primera ojeada Vox aparece como el más perjudicado con las triquiñuelas del pacto madrileño, del que finalmente quizás ha acabado sacando tajada. Con ello, sumado a la concejalía de ultraderecha en Badajoz y la reunión murciana, resulta que la afrenta le brota a Cs en la frente. Y en medio, el PP de Casado atrapado por los dos flacos y cabreado como un marido burlado por la propia y la amante al mismo tiempo. ¿A que parece una situación irreversible? Pues no se engañe, no lo es, porque los intereses en juego pueden más que los sentimientos ideológicos. PP y Cs han invertido en los apartamentos de Andalucía, Castilla-León y en muchos ayuntamientos como bienes gananciales. A PP y Vox les unen lazos de sangre desde muy antiguo y los ultras han ayudado a Casado a comprar piso en el ayuntamiento de Madrid y pronto un chalet adosado en la comunidad madrileña.

Además, Abascal ha mostrado el poder de sus votos apremiado por los malos resultados en las encuestas propias y del CIS. Por la misma razón, Rivera se ha enredado en la propia tela de araña temiendo perder otra vez la virtual hegemonía que de nuevo le anuncia la diosa demoscopia. Casado necesita afirmarse en el timón de mando, evitar que la nave siga hundiéndose y mantener las propiedades compartidas sin luchas entre el vecindario. ¿Solución? No tardarán en adoptarla. En mi manual yo proponía un entente que nunca falla en los triángulos amorosos: el ménage à trois. Están a un paso. Tan cerca que incluso pueden acabar yendo juntos en listas electorales, si se convocan nuevas elecciones, autonómicas o generales.

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