Acotaciones

** Le tiemblan las piernas al PP con sólo pensar que en la Comunidad de Madrid pudiera ocurrir lo que en Marcia, lo que significaría una notabilísima pérdida de imagen y poder. Anda por ello empeñado en seducir por activa y por pasiva a Vox con un programa votable para él y para las otras dos fuerzas imprescindibles en el acuerdo.

El problema es que, en este caso, el programa es lo de menos. Lo crucial es que el partido de Santi Abascal exige una cuestión previa : sentarse todos a la mesa y ser tratado por igual . Y en este punto –me temo- las espadas seguirán en alto. Ni Vox ni Ciudadanos tienen mucha pinta de flexibilizar posiciones. Con más razón el primero que el segundo.

** Flaco favor le ha hecho el ministro Marlaska al movimiento LGTBIQ (o como en realidad se llame porque cada poco le añaden una sigla) mezclando churras con merinas y a una ultradereccha que pretendería recortar derechos al colectivo en cuestión. Tiempo les faltó a los manifestantes para arremeter contra Ciudadanos por sus pactos con Vox, hasta el punto de que los dirigentes naranja presentes en la marcha hubieron de ser rescatados por hasta nueve patrullas de Policía para evitar el riesgo de una agresión física.

No sé si para gentes de buena fe el ministro no se habrá cargado ya la fiesta del Orgullo. Pero al menos éste ha dejado ver su perfil ideologizado y sectario, derivando hacia una opción política concreta una muy otra reivindicación. Le pasó un poco lo mismo, aunque en menor medida, al movimiento feminista en su movida de marzo pasado.

Dicen que la fiesta multicolor deja en Madrid un impacto económico de 150 millones de euros, más, por ejemplo, que una final de la Champions. Si así fueran las cosas, ello bien vendría para que las Administraciones públicas dejaran de prestar el para muchos sobredimensionado apoyo en medios económicos, humanos y propagandísticos que vienen otorgando al movimiento. ¿No estará éste ya más que visibilizado?

** Con inusitada rapidez un juez de instrucción de Madrid ha admitido a trámite y resuelto favorablemente en cuestión de horas un recurso contra la moratoria temporal –que no reversión- de sanciones acordada por el Ayuntamiento de la capital en la zona de protección Madrid Central. De entrada, medidas cautelares y vuelta al sistema de multas, como pedían los recurrentes. Luego ya verá, tras considerar las alegaciones que presente el Consistorio.

Otros dos magistrados, sin embargo, se han pronunciado también sobre el asunto, pero en sentido contrario en otros tantos recursos que les han llegado a la mesa: primero, alegaciones y luego decisión sobre el fondo del contencioso. Han rechazado, sin embargo, adoptar medidas cautelares sin antes haber estudiado la argumentación de los responsables municipales. Más razonable y lógica parece esta segunda actitud.

Pero la lógica falla en mayor medida de lo debido. Sobre todo cuando el caso, como el de Madrid Central, se convierte en el objetivo político de una izquierda que, habiendo perdido el gobierno de la capital, vuelve a crear plataformas, desempolvar pancartas y activar piquetes.

Con inusitada rapidez también, sesenta mil personas, según los organizadores, se manifestaron hace unos días en favor de mantener las duras medidas de la ex alcaldesa Carmena y socios podemitas para con el tráfico privado, a pesar del daño que están causando al comercio de la zona. Eso la izquierda lo hace muy bien: cuando no controla las instituciones, saca a sus gentes y desavisados a la calle. Algunos jueces ayudan.

** Europa ha dejado de ser el legendario El Dorado jurídico para los golpistas del 1-0. En un escaso par de meses se han sucedido cuatro actuaciones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, del Tribunal de Justicia de la UE y de la Eurocámara, que han descabezado las argumentaciones de Puigdemont y compañía. Amén del fiasco de la euroorden, queda algún fleco importante por resolver. Más los que puedan sobrevenir a raíz de la sentencia.

El ex presidente fugado es personaje menguante. A pesar de todo, sigue arrastrando a sus gentes. Según la organización, alrededor de diez mil seguidores lo acompañaron el otro día en Estrasburgo –a casi dos mil kilómetros de Barcelona, ida y vuelta- cuando intentó recoger su acta de eurodiputado. Y me pregunto: ¿de dónde sale y quién financia a toda esta gente dispuesta a desplazarse y manifestarse cualquier día, a cualquier hora y en cualquier sitio? ¿Son todos liberados? ¿No trabajan en nada?

A pesar de todo también, el devaluado prófugo continúa ocupando enorme espacio en los grandes medios informativos de aquí. Declaraciones personales, videos, tuits… Puigdemont hasta en la sopa. ¿No resulta excesivo y fuera ya de lugar semejante cotidiano despliegue?

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