Cuatro por cuatro

EL experimento está en vías de fracaso. El sueño emergente de romper la dinámica, del supuesto bipartidismo nacido durante la transición, ha despertado con bostezos de pesadilla. Esto es, la realidad y los mecanismos sociales están llevando al cauce lógico de la convivencia la explosión nacida, si no de la ignorancia, sí de la desmemoria. Los dos grandes emergentes, Ciudadanos por la derecha y Podemos por la izquierda, solo un lustro después de irrumpir patrocinados por el descontento con la alternancia en el poder de PSOE y PP, han llegado a su mayor crisis existencial, tanto funcional como ideológica. Impotentes para desbancar a las dos fuerzas hegemónicas han concluido por parecerse a ellas como dos apéndices innecesarios y molestos socialmente.

En todo este tiempo de impulso y predicamentos de cambio, regeneración y transformación, nada nuevo han aportado al panorama político excepto confusión y división. Han llegado al poder legislativo y ejecutivo luciendo los mismos vicios contra los que nacieron, presumiendo de Pepitos Grillos en media docena de asuntos que tarde o temprano rematarían por emerger y resolverse, aún sin sus presencias. Con astucia lograron convencer a gran parte de la sociedad de que el juego bipartidista era más pernicioso que la discusión a cuatro. Los resultados electorales sucesivos, la mala praxis negociadora y las ambiciones personales de los líderes emergentes, Iglesias y Rivera, han demostrado que políticamente son tan inútiles como perniciosos. El cuatro por cuatro entorpece más que soluciona o dinamiza.

Y no era cierto que el bipartidismo fuera producto de un complot elaborado en la transición de los años setenta y ochenta del pasado siglo. Tras la muerte del dictador emergieron cuatro formaciones potentes: UCD y AP por la derecha y PSOE y PCE por la izquierda, con la suficiente capacidad y fuerza democrática como para dejarle espacios a los partidos nacionalistas y regionalistas. Un gran ejemplo de tolerancia y convivencia. El aglomerado de UCD se desintegró favoreciendo el nacimiento de un PP continuista de la formación de Fraga (Alianza Popular) y de los nostálgicos del franquismo. El sentido común de los electores propició el juego democrático sin sobresaltos. (Otra cuestión es la irrupción y ejercicio o no de la corrupción). Aquel cuatro por cuatro, con pequeñas incursiones del nacimiento y muerte de otros partidos personalistas, CDS y UPyD por ejemplo, concluyó en el uno por uno enfrentado. El mismo camino al que ahora nos dirigimos, si el PP de Casado es quien de volver a los pagos de la transigencia democrática.

La descomposición de Cs se parece a la de UCD. Tiene los mismos ingredientes y el mismo desconcierto ideológico. ¿Será de nuevo el PP beneficiario o nacerá otro partido capaz de unir a las tres derechas en un solo destino verdadero y menos maximalista? Podemos lleva en su seno los mismos anacronismos del Partido Comunista de España, muchas de sus corrientes acabarán entrando, como en el pasado, en la casa común del partido socialista. Los restos se acogerán al calor de la Izquierda Unida testimonial.

Con todo, lo peor de este cuatro por cuatro actual es la demostración continua de intolerancia y falta de aquel sentido de Estado que demostraron los líderes históricos, capaces de cortar el paso a la extrema derecha franquista y poner en hora con el de Europa el atrasado reloj de España. A Eestos líderes presentes le sobran mentiras, carecen de cintura y de memoria y sin memoria no se construye el futuro.

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