Acotaciones

** Revuelo en Bruselas. Los jefes de Gobierno no terminan de ponerse de acuerdo en el reparto de las presidencias de las más altas instituciones comunitarias que cumple renovar. Parece que lo podrían hacerlo hoy. Veremos, porque fácil no se presenta. 

El paquete de nombramientos colocaba en principio al socialista holandés Timmermans al frente de la poderosa Comisión Europea, mientras que el popular alemán Manfred Weber tendría que conformarse con  el Parlamento. El pacto inicial había sido diseñado en los aledaños del G20, en Osaka, por cuatro países: Alemania, España (Pedro Sánchez),  Francia (Macron, que está a ver qué le cae) y Holanda. 

Incluso la señora Merkel había dado su visto bueno a tal distribución de responsabilidades. Pero los populares se le han rebelado a la en otros tiempos poderosa canciller germana. No en vano se saben ganadores de las recientes elecciones europeas: 179 escaños por los 153 de la socialdemocracia; tres puntos largos de ventaja en número de votos. Y reclaman mayor protagonismo.

Lo que sorprende una vez más es la aparente debilidad de la señora Merkel cuando de negociar pactos se trata. Como presidenta de la CDU en los Estados federados de su país ha firmado sorprendentes acuerdos con izquierda y verdes. Por no hablar de los grandes compromisos estatales  de coalición con el SPD socialista. Dicen que es pragmática. A veces, sin embargo, de la impresión de aflojar demasiado.

** Como no podía ser de otra manera, la reforma del impuesto sobre actos jurídicos documentados aprobada en noviembre por el Gobierno Sánchez ha encarecido las hipotecas: 30 puntos básicos en el tipo de interés medio, según cálculos del Banco de España. Las entidades financieras han trasladado así el cliente –parece que incluso por inevitable imperativo legal- la carga tributaria que en teoría a ellas les corresponde.

Y como así mismo era de esperar, la ministro Calviño no ha tardado en discrepar del organismo supervisor. Suele hacerlo. Así sucedió también a finales de año con ocasión de la controversia sobre los efectos del nuevo salario mínimo (900 euros) en la pérdida de empleo.

Sea como fuere, entre las apreciaciones de un político y de un técnico muchos nos quedamos con las de éste último. Máxime, cuando el político de turno, como es el caso, tiene una visión indolora y casi angelical de la economía. De hacerle caso, el ciudadano de a pie sale indemne de todo.

** Manuel Valls presume de que al haber dado Ada Colau la alcaldía de Barcelona ha evitado que la ciudad condal y capital de Cataluña haya caído en manos de los soberanistas de Ernest Maragall y Esquerra Republicana, ganadores allí de las municipales últimas. 

No obstante, lo primero que ha hecho la reelegida alcaldesa ha sido colocar en la fachada del consistorio el lazo amarillo, emblema de los golpistas. A continuación ha permitido que la asociación independentista Ómnium Cultural haya infestado de propaganda separatista metro y autobuses de la ciudad.  El lema de la campaña ha sido o es “Lo volveremos a hacer”, frase que pronunció el golpista Jordi Cuixart en el Supremo el último día del juicio por el referéndum ilegal del 1-0. 

De reconocida trayectoria en el independentismo, aunque no metida formalmente en él, a estas alturas la alcaldesa no engaña a nadie. Pero no sé si es mejor el lobo auténtico y feténque el animal de marras disfrazado de cordero. Desde luego, personalmente me quedaría con el primero. Se le ve venir mejor.

** Otro de los perversos efectos colaterales de los pactos postelecciones es que para dar la inevitable cabida a socios, aliados y cooperantes es preciso ampliar consellerías, Mesas parlamentarias y puestos varios de alto nivel. En Valencia, por ejemplo, el presidente Ximo Puig ha aumentado un 20 por ciento los altos cargos del tripartito. Parece que en Podemos, el nuevo inquilino, hay mucha gente que colocar. Lo malo es que luego llora y mal llora por los rincones, como la Zarzamora de la copla, implorando mayor financiación pública.

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