Tres años

EL ingreso en prisión de los cinco delincuentes, integrantes de la más famosa manada de violadores modernos, es un milagro. Han pasado casi tres años desde que la Audiencia Provincial de Navarra los condenó por primera vez. En este tiempo han campado a sus anchas, se han hecho populares en los medios de comunicación, han robado gafas, hemos conocido otras cuestiones pendientes con la Justicia y no hemos podido evitar la sospecha de que estaban siendo protegidos por algún tipo de influencia oculta. Si no se han fugado es, sencillamente, porque tenían el convencimiento de librarse de la cárcel o contaban con pasar un tiempo a la sombra no muy largo, antes de obtener los correspondientes beneficios penitenciarios. La actitud de confianza depositada en ellos por parte de los tribunales navarros juzgadores debería ser estudiada en profundidad, más allá de la escrupulosa o no aplicación de la legislación vigente y de la tan traída y llevada cuestión de la prisión preventiva.

Además, la alarma social desatada con este suceso, como efecto de la interpretación presuntamente machista de los hechos, no debiera concluir con la rectificación realizada por el Tribunal Supremo elevando las penas, con el ingreso en prisión de los cinco delincuentes, con el triunfo de los derechos de las mujeres y con el silencio, que no tardará en expandirse, sobre la desgracia de la víctima y el regreso a la sociedad de los victimarios. La sentencia del TS sentará cátedra al distinguir claramente entre el «delito de abuso sexual» dictaminado por los dos tribunales navarros -Audiencia Provincial y Tribunal Superior de la comunidad- y el «delito de agresión sexual» finalmente aceptado.

La diferencia entre los conceptos de abuso y agresión ha tenido entretenido este asunto un tiempo que parece dilatado a conciencia. Como quien espera que se enfríe la sopa para tomarla con gusto. ¿Puede ser esta actitud constitutiva de algún tipo de infracción en el ejercicio de la función judicial? ¿Es razonable y aceptable que ese elemental debate se haya prolongado tanto temporalmente? Si nos atenemos a la rapidez con que el Tribunal Superior ha dilucidado la cuestión, la sospecha de presunta manipulación en Navarra se agranda.

Es más, el Tribunal Supremo ha constatado un error en la calificación jurídica de la primera sentencia al considerar un único delito continuado cuando, por la actuación de cinco intervinientes y de los actos agresivos, la correcta calificación debiera considerar a los acusados de La Manada «autores y partícipes de una pluralidad de delitos de agresión sexual», con lo cual las penas habrían sido superiores. Sin embargo cómo ninguna acusación ha caído en la cuenta de la inexactitud, el TS no ha podido actuar en consecuencia. Los mecanismos de las leyes no siempre son renglones derechos en relación con la realidad. Se advierte la errata pero no se puede actuar sobre ella.

Aun así, estamos ante una resolución que dignifica a la víctima y protege a las posibles futuras. Un hito, un gran paso, pero al mismo tiempo pequeño porque, desde de la agresión sexual cometida contra la joven madrileña en los Sanfermines de 2016, se han desatado tantas nuevas corrientes sociopolíticas machistas y contra los logros igualitarios, que da la impresión de que todo el esfuerzo puede tambalearse. Que la ejemplaridad de la condena enrabieta. Que no siempre muerto el perro se acaba la rabia.

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