Acotaciones

** Insufrible. Habrá por estas nuestras latitudes pocos líderes políticos tan insustanciales como el secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero. En declaraciones y comparecencias públicas no se le conoce otra aportación que sus diatribas contra Feijóo. No habla de otra cosa, venga o no a cuento. La verdad es que sería bueno saber qué piensa sobre los problemas que aquejan a la comunidad y, sobre todo, sus alternativas para dar a Galicia un mayor presencia y peso, siempre mejorables, en el escenario nacional.

Pero no. Como está obsesionado con el presidente del PPdeG y de la Xunta, resulta monotemático. No habla de otra cosa. Y lo preocupante es que lo hace con una frivolidad y simplismo enormes. Así lleva casi desde que se le conoce. Y lo que nos espera de aquí al próximo verano, cuando Feijóo habrá tenido que desvelar si pretende o no optar a un cuarto mandato.

** Tan desnortado y fuera de sitio anda el hombre de Dios que, como acaba de hacer en Lugo, culpa al presidente de un problema casi endémico en Galicia, cual es el demográfico. Le reprocha, por ejemplo, que por cada niño nacido mueran dos personas. O que ahora nazcan cinco mil niños menos al año que cuando llegó a San Caetano. Como si el tuviera la responsabilidad de que nuestra comunidad ofrezca desde hace tiempo uno de las tasas de natalidad más bajas de España y casi de Europa. Oír para creer.

** Mejor se comprende que en el tiempo postelectoral que vivimos saque pecho con los resultados de las elecciones habidas, aunque, de todas formas, debería reparar en que el viento de cola que aquí ha soplado haya venido más de Madrid que de Santiago y que los resultados de las urnas son los que han sido y no los que él de alguna manera se inventa.

No se sabe, en efecto, de qué manga se ha sacado el inefable Caballero las supuestas “tres derrotas electorales consecutivas” de Feijóo (dale que te pego). Lo digo porque en las elecciones locales de fin de mayo el PPdeG ha ganado en Galicia al Partido Socialista casi en todo: en votos, en concejales, en mayorías absolutas y relativas, en tres de las cuatro provincias y en tres de las siete grandes ciudades. Otras tres han sido de hegemonía socialista y una del BNG. Otra cosa es que el PSdeG vaya a gobernar en cinco de las mismas. Pero ello será así por el mercado negro de votos -los malhadados pactos postelectorales- al que ha tenido que acudir, salvo en Vigo, para reforzar mayorías precarias.

Así las cosas, tal vez el PPdeG debería dejar de autofustigarse tanto y poner más en valor estos resultados. Porque a este paso entre la opinión pública puede ir calando la impresión de que han constituido una derrota. Y no ha sido así.

** La semana más dura de Albert Rivera puede haber sido esta última. Cierto es que de un tiempo a esta parte el presidente de Ciudadanos ha tomado decisiones controvertidas. Pero no deja de ser paradójico que esté recibiendo las mayores presiones y deserciones cuando más razón -me parece- le asiste. La abstención en la investidura que le pide Sánchez y la patriótica que le solicitan otros no hay por dónde cogerlas.

El pacto del PSOE en Navarra, con Bildu por medio, alimenta y justifica el “no es no” al candidato. Lo repito: a mi juicio, ni Sánchez ni el Partido Socialista son de fiar. ¡Y parece que ahora Sánchez quiere liar también en el embrollo al Partido Popular. Dios nos coja confesados!

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