Cuando Castiella se limitó a aplicar el Tratado de Utrecht

Se vienen publicando estos días diversos artículos, reportajes y análisis sobre el 50 aniversario del cierre de la verja de Gibraltar por parte del entonces ministro de Asuntos Exteriores José María Castiella. Curiosamente, en ninguno de ellos se cita el artículo X del Tratado de Utrecht, que es el instrumento jurídico que justifica la posesión británica de la Roca, y que literalmente que no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino.
La cesión se hizo con tres condiciones esenciales: 1. Limitación del territorio cedido. 2. Ausencia de comunicación con zonas vecinas. 3. El Derecho de retrocesión a España en caso de que Gran Bretaña quisiera cambiar el régimen pactado, cosa que el Reino Unido ya ha hecho con respecto a los habitantes de la colonia. Ergo, España, en 1969 no hizo otra cosa que aplicar el Tratado. Puntos aparte son la ocupación del istmo, la destrucción de las defensas frente a la Roca que estaban donde ahora la frontera (y que se hace cuando los ingleses vienen a ayudarnos frente a Napoleón) o la pretensión británica, justificándolo por la extensión del Derecho Marítimo Internacional, a una parte de las aguas de la bahía de Algeciras, fuente de tantos conflictos.
Y, sobre todo, Inglaterra ha dado a la colonia un nuevo régimen jurídico, que vulnera el propio Tratado, y que ahora no considera propiamente colonia, sino dentro del eufemismo de “territorio ultramarino”, esto es un estatuto permanente como British Overseas Territory (2006). En el preámbulo de este texto se incluye la misma promesa al pueblo de Gibraltar de no alterar su estatuto contra sus deseos.
Y, pese a las cesiones de España, no hemos avanzado nada. En 1980, los ministros de Exteriores de ambos países, Lord Carrington y Marcelino Oreja firmaron un acuerdo en Lisboa para desbloquear las negociaciones que tampoco dejó otros efectos que la célebre frase del británico de “Vamos a pensar juntos”. 
Estos días, se recuerda en Gibraltar con una exposición el aniversario del cierre de la frontera por parte española. Claro que a veces olvidamos que los verdaderos gibraltareños no son los descendientes de genoveses, judíos y otros que viven en la roca, sino los habitantes de San Roque, donde reside Gibraltar, cuyos antepasados se trasladaron a la ermita de este nombre con sus libros municipales, registros, estandarte y bienes, salvo cuatro renegados y un cura, ante la ocupación británica.
José Luis Rodríguez Zapatero rompió en consenso de siglos sobre Gibraltar cuando, con Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, aceptó en 2006 a Gibraltar en las negociaciones como parte separada de la delegación británica en el llamado foro tripartito establecido por el “Acuerdo de Córdoba lo” que debilitó la posición histórica española, que sostuvieron los gobiernos de todos los colores habidos en nuestra historia.
Cada día pasan la frontera 35.000 personas, 12.000 coches y 4.000 vehículos a dos ruedas en días normales, cifra que se incrementa exponencialmente en verano. Al salirse de la Unión, Gibraltar sería parte de un país tercero, por lo que ello afecta en primer lugar al control fronterizo. Pero hay más: se calcula que un 20 por ciento de los Gibraltareños viven en España, en su mayoría en urbanizaciones de lujo, como Sotogrande, como el propio Picardo (que tuvo su segunda residencia este lugar), pero sin pagar impuestos, mediante la fórmula de pasar en territorio español menos de 183 días al año. 7.000 llanitos recurren a este truco, como es bien sabido. En Gibraltar funcionan más 80.000 sociedades y la Roca controla el juego on-line para que son vitales las líneas telefónicas que llegan desde España. 
El llamado “El Servicio de Información del Gobierno de Gibraltar en España”, denominada InfoGibraaltar, con colaboradores españoles en Madrid y el Campo de Gibraltar, defiende la situación colonial y ataca las pretensiones españolas ya que es una agencia de relaciones públicas a su servicio. Estos días nos dedica titulares como éstos: “Medio siglo de una infamia. El 8 de junio de 1969 el gobierno franquista cerró la comunicación por tierra con Gibraltar, creando un verdadero Muro de Berlín español. Desde hacía más de 15 años, la dictadura había estrechado el círculo con presión contra gibraltareños, trabajadores españoles y turistas. A ambos lados de la frontera se recuerda la infausta efemérides con actividades y exposiciones”
Pero sobre esta conmemoración se proyecta la realidad actual del futuro de la colonia. A su ministro principal Picardo le preocupa sobre todo el Brexit y cómo puede afectar dicho proceso nuevamente al paso fronterizo y a las relaciones personales y comerciales que ahora existen entre Gibraltar y su campo. Si son plenamente británicos que también asuman sus consecuencias.

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