Lección danesa

No creo que la socialdemocracia nórdica tenga mucho que ver con el sanchismo que aquí nos gobierna. Pero el triunfo de la danesa Mette Frederiksen en las elecciones de hace una semana está sirviendo a algunos para asegurar que el retroceso de las familias políticas tradicionales no es irreversible y que el auge de la ultraderecha bien puede ser combatido con eficacia por las fuerzas democráticas.

Lo que, sin embargo, no cuentan en igual medida son las claves de por qué la llamada a convertirse en la primera ministra más joven (41 años) de su país, graduada en Ciencias Sociales y diputada nacional desde los 24, ha llegado a donde lo ha hecho y que no son otras que un firme discurso de izquierda centrado en la defensa del Estado del bienestar, pero también y al tiempo la asunción de algunos parámetros de la agenda ultra en materia de migración. Todo un giro a lo que han sido allí los ejes programáticos de la socialdemocracia durante los últimos quince años. El liberalismo económico y la multiculturalidad han quedado atrás.

El ultraderechista Partido Popular Danés (PPD) había logrado introducir su discurso antiemigración en la agenda política del país. A la postre, él mismo ha salido perjudicado con la pérdida de la mitad de sus apoyos al haber asumido su línea dura los grandes partidos tradicionales. “Los votantes que nos dejaron años atrás – ha enfatizado Frederiksen- por considerar equivocada nuestra política migratoria, han vuelto”.

Partidaria de establecer un centro de recepción de migrantes fuera de Europa y de desterrar a una isla deshabitada en el Báltico a los llegados con antecedentes penales, quiere también dar continuidad a polémicas medidas del anterior Ejecutivo del liberal Rasmussen. Por ejemplo, que las autoridades requisen joyas y objetos de valor de los migrantes para costear los gastos que generan y la prohibición del burka y el niqab en ciertos espacios públicos.

Cuentan los corresponsales allí destacados que, de hecho, en su cuenta de Facebook, donde ha ido narrando al minuto su campaña , abundan fotos con todo tipo de gente, pero escasean las imágenes con llegados de fuera. Los analistas apuntan a que la política migratoria no variará demasiado y que el Gobierno de Fredriksen, si prospera, se centrará más en las expulsiones a los países de origen que en la inclusión.

Con sólo el 26 por ciento de los votos pretende gobernar en solitario. Ahora tendrá que convencer a los demás partidos del bloque rojo (ecologistas y otras formaciones de izquierda, que juntos sumarían 91 diputados, de 179) para, al menos, no obtener más noes que síes en la investidura. Su mano dura hacia la inmigración resulta, sin embargo, el principal escollo para que los socios naturales le brinden su apoyo o se abstengan.

Miembro de la UE, aunque no de la zona euro, el país ha dejado claro que la política migratoria sigue siendo uno de los problemas clave de la Unión Europea. Es la gran lección danesa.

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