Arenillas en los ojos


Sigue recitando nuestro García Lorca aquello de «Y cuando te vi de lejos me eché en los ojos arena. Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta». Era en aquello de Bodas de Sangre, un relicario de esos mundos trágicos llenos de leyendas entre la vida y la muerte. Posiblemente, Federico era el que mejor lo podía contar. Como nos toca a nosotros intentar explicar este batiburrillo de acuerdos y desacuerdos, de lo que te dicen y después hacen, de lo que cuentan y al mismo tiempo, intentan justificar con lo contrario.
A pesar de todo, considero que los caminos hay hacerlos largos.

Que la democracia es más que un partido de liguillas y que además de los empates, también existen los engaños. De todo ello, deberán dar cuenta cada uno de los tomadores de decisiones, de quienes tienen la responsabilidad de llegar a acuerdos y de apartar a buena parte de la porción del electorado y todo eso gracias a esta bendita democracia que sigue siendo el mejor mal para la decisión colectiva. Es normal que, los ya famosos pactos, no nos gusten a casi nadie pero reconozcamos que es la única manera de entender como somos la mayoría, uno de aquí, otros de allá y dentro de un sistema donde, nos guste o no, carece de segundas vueltas para llegar al podium. Asi que después de aupar el argumentario de los rodillos de las mayorías absolutas, nadie debería extrañarse de vivir estos tiempos de reuniones infinitas para llegar a algún acuerdo que genere viabilidad a una nueva legislatura.


Han comenzado en los ayuntamientos, esos lugares que tanto nos pertenecen por su cercanía vital, pero seguiremos con el resto de instituciones hasta llegar a la clave principal sobre la gobernabilidad de este querido país. Y creo que debería existir una cierta honestidad por parte de todos. Que hasta en unas negociaciones postelectorales se siga haciendo esa maquiavélica propaganda barata puede ser el daño más estúpido a esta maltrecha sociedad creída de razones y engañada de los mensajes. No podemos justificar una posición desde un bando y al mismo tiempo hacer de causa contra los contrarios que aspiran a los mismos ideales con diferentes proyectos. Ninguno podrá tener la baza de la razón, porque al final,las razones son todas y los resultados todavía habrá que verlos.


Y así están las cosas, ajustando los discursos contradictorios con el presente, vendiendo lo prometido con la firma de tropecientos puntos de acuerdo, y abrochando la chaqueta para un buen apretón de manos. Ni todo será tan diferente, ni los cambios serán tan espectaculares. La maquinaria administrativa tiene sus tiempos pero, especialmente, la necesidad de acordar llevará a muchos bailes de intenciones. Mientras tanto, para los españolitos de a pié nos queda la manta y las palomitas, que viendo ya la estación, casi los dejaremos que se instalen y a nosotros que nos permitan, por lo menos, pasar las ansiadas vacaciones estivales. Ya decía Platón que «si no fueste un buen aprendiz, nunca serás un buen maestro» y creo que aprendices ya tenemos muchos porque maestría como tal, se nos queda bastante desinflada.

Quedémonos con las palabras tan mullidas en los días antes de las citas electorales cuando la ciudadanía es aplaudida por la clase política como la que no se equivoca y sabe decidir. Por una vez, que nos dejen con estas razones y que dejen de echarse arena a los ojos que en sus manos se encuentra el caminar de todos nosotros.

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