La fortaleza de los jóvenes

Decía un viejo profesor a sus alumnos que el mejor título que no da universidad alguna es “ser joven” y tenía razón. Cuando uno se va haciendo mayor admira más a los jóvenes y añora aquella etapa vital que, en palabras del profesor Aranguren, “encierra en sí misma la ilusión y la plenitud de posibilidades biológicas e intelectuales”.

Yo no sé si esta generación es la más preparada de la historia, pero sí creo que es la más resistente, con una fortaleza mental tan admirable que supera a las generaciones precedentes. Hay que ser muy fuerte mentalmente para peregrinar de oposición en oposición, como los miles de jóvenes que acuden al recinto ferial de Silleda, para jugar a la lotería de opositar a unas pocas plazas de enfermería, celador o administrativo. 

O para llamar a las puertas de empresas, comercios y establecimientos hosteleros para dejar sus currículos bien nutridos en busca de un trabajo, precario y mal retribuido que, en el mejor de los casos, les permitirá ir viviendo. Es la maldición de la generación de la crisis que vive en la inestabilidad, a caballo entre el paro y la precariedad, sin poder independizarse ni emprender un proyecto vital.       

En el año 1985 entrevisté al profesor Aranguren para una revista y en su análisis, que tenía mucho de visionario, decía que “son muchos los problemas con los que se está enfrentando nuestra la juventud” que para él derivaban de la escasa imaginación y capacidad de lo que entonces llamaba “la sociedad posindustrial que no sabe dar respuesta adecuada a las demandas y deseos de los jóvenes”.

Más de tres décadas después, esta sociedad de la revolución tecnológica sigue sin saber o querer encauzar y canalizar su ardiente vitalidad y capacidades. Para ellos no hay trabajos dignos, acordes con su capacitación, que impulsen y recojan sus muchas aportaciones creativas. 

“Tenemos que ayudaros a que podáis construir un proyecto de vida personal y profesional, con un trabajo y un salario dignos, a tener un lugar adecuado donde vivir y, si así lo queráis, a formar una familia…”. Era la declaración de intenciones del rey en el mensaje de Navidad. 

Pero ya se sabe que el rey reina, no gobierna y a ninguno de los que aspiraban a gobernar el país se le escuchó una palabra alentadora, un grito de ánimo, para la juventud sabiendo que en su seno se están forjando los dirigentes políticos, económicos y empresariales de la sociedad del mañana. Ellos son los recambios que esta sociedad no cuida.

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