Agora a gobernar

En Galicia las urnas ya dictaron sentencia y, como decía don Pío Cabanillas, “no sé quiénes, pero ganaremos”. Ganamos los ciudadanos, como también decía un personaje de Forges: “hay que ver la tranquilidad que generan –los políticos– cuando cierran la boca”. Ahora les toca a ellos y a sus partidos analizar el veredicto ciudadano. Unos, los perdedores tratarán de investigar por qué sus propuestas no se concretaron en votos y en esa búsqueda de las causas de la derrota o de los malos resultados les sugiero que sigan el criterio de un viejo amigo que aconsejaba siempre buscar primero “el lado fácil de las cosas”, es decir, buscar la explicación más sencilla. 


Y la explicación más simple es que los que ahora perdieron los gobiernos dilapidaron en cuatro años de mandato todo el capital de ilusión y cambio que prometieron a los vecinos. A la vez, algunos de los que estuvieron en la oposición no supieron mostrase como alternativa que mereciera su confianza para gobernar el concello. Así de simple, así de sencillo. 

También los ganadores deben hacer su balance y, salvo algunos alcaldes premiadas por su buena gestión, la victoria pírrica en muchos casos no debería llevarles a euforias desmedidas. Si la analizan con frialdad y rigor concluirán que muchos vecinos les votaron por ser los menos malos entre todas las malas opciones y lo hicieron con arrepentimiento anticipado por contribuir con su voto a que tanta mediocridad ocupe el poder. 

En todo caso, las urnas asignaron a cada uno tarea para los próximos cuatro años, a unos el digno ejercicio de la oposición y a otros la responsabilidad de gobierno. Gobernar es diseñar un modelo de ciudad y de concello acorde con su realidad histórica, económica y cultural; gobernar es impulsar la economía, atraer empresas y apoyar a los emprendedores; es establecer políticas de vivienda, velar por la educación y la cultura; organizar el transporte y el tráfico, los aparcamientos, la recogida de basuras, la limpieza de las calles y demás asuntos que determinan el funcionamiento de un consistorio. En definitiva, gobernar es organizar la convivencia colectiva y ocuparse, en el ámbito de sus competencias, de los asuntos que aumentan el bienestar y la calidad de vida a la gente.


Sepan los elegidos que hay mucho desánimo entre los ciudadanos, cada día más alejados de la política y de sus representantes. Su responsabilidad es lograr un concello en el que los gobernados vivan mejor y recuperen la ilusión. 

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