Control horario y ERE

La semana pasada, mientras políticos, tertulianos y empresarios estaban entretenidos con el registro obligatorio de la jornada laboral -lo que antes se llamaba “fichar”-, apareció el anuncio del Expediente de Regulación de Empleo del Banco de Santander que va a afectar a 3.713 empleados, 11 por cien de la plantilla, y a cerrar 1.150 oficinas. En abril otra entidad, CaixaBank, abandonó sus condiciones unilaterales leoninas y se avino a negociar con los sindicatos su ERE para 2.157 trabajadores. Nada nuevo, la oleada de los ERE empezó en enero con los anuncios de Vodafone, La Naval, Ford, Día y muchos otros. 

Galicia también sufre las convulsiones del mercado laboral. Desde hace meses el paro amenaza a los trabajadores de Alcoa, de San Ciprián, de Ferroatlántica y de otras industrias de consumo eléctrico intensivo; está escrita la sentencia de muerte para Meirama, As Pontes y ENCE; cierran cientos de autónomos y agoniza el pequeño comercio. 

Es curioso que estas sacudidas laborales abren un día informativos y aparecen   destacadas en los periódicos y después desaparecen de la primera línea informativa porque ya nada impresiona en este mercado laboral, cada día más volátil. Se ve con normalidad que grandes o medianas empresas –muchas con beneficios– planteen un ERE y manden a casa a miles de trabajadores con conocimientos y experiencia para seguir contribuyendo a la productividad de sus empresas

La culpa la llevan la incertidumbre global que generan el Brexit, las guerras de Trump, los vientos de cola, y la incertidumbre interna sobre la situación política poco estable. Añadan el factor tecnologías que causan estragos en el tejido empresarial en todo el mundo y en España, según la OCDE, van a automatizar un 20 por cien de los empleos que serán “desempeñados” por robots. ¿Algún remedio? Los técnicos de ese Organismo recomiendan planes formativos que reciclen a los trabajadores para desempeñar los nuevos empleos que crearán las mismas tecnologías que destruyen los actuales. Ese es el remedio y el reto. 

Pero en España “pasamos” de esa recomendación. En las campañas electorales nadie propuso planificar acciones formativas que recuperen a los trabajadores para su reingreso en el mercado laboral y el sistema educativo tampoco se ocupa de capacitar a los escolares para desempeñar trabajos que mañana serán muy distintos. 

Seguimos enfrascados en “fichar” en los relojes de viejas empresas que destruyen trabajo y sin formar trabajadores para los nuevos empleos.

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