La profecía de Bobbio sobre Cataluña


El profesor Peces Barba, ex presidente del Congreso de los Diputados y ponente constitucional, contaba que el mismísimo Norberto Bobbio, el gran filósofo del Derecho, tras estudiar la Constitución de 1978 y las prerrogativas de los Estatutos de Autonomía, especialmente en algunas comunidades como Cataluña, de modo premonitorio, le llamó la atención sobre sus riesgos, señalando que, en dos generaciones, los ciudadanos de esas regiones iban a dejar de sentirse españoles.
Parece que el autor de la “Teoría General de la Política” acertó de lleno. Ese fenómeno es más que evidente, y no sólo en Cataluña. Por encima de las propias ideologías, la sociedad española presenta hoy tres grandes categorías de ciudadanos: A) Quienes se consideran ciudadanos de una gran nación histórica y quieren que siga existiendo como tal. B) Los que relativizan su vinculación al concepto mismo de España y/o en todo caso, entienden, como Podemos, que España es una realidad plurinacional, o los que hacen suya la teoría de la “nación de naciones”, formulada primero por Felipe González; desarrollada por Zapatero y perfeccionada por Pedro Sánchez, quien tras afirmar que Cataluña es una nación no dijo que España estaba formada por cuatro naciones: “Galicia, El País Vasco, Cataluña y España”. Dejando aparte de que el definido no debe entrar en la definición, quizá el Doctor Sánchez quiso decir que, aparte de las tres nacionalidades históricas quedaba todo lo demás. C) Y están por último los españoles que quieren dejar de serlo, grupo variado donde al lado de nacionalistas recalcitrantes se alistan, en el caso de Cataluña, descendientes de andaluces o murcianos, como es notorio, de requintado odio hacia el lugar donde nacieron o de donde proceden sus padres, como en caso de Rufián, Ana Hidalgo y otros.
Pi y Margall, padre del federalismo español, en su libro “Las nacionalidades”, donde queda expresado su pensamiento, escribe: La nación está vigorosamente afirmada en el pensamiento y el corazón de todos los españoles. En este mismo siglo se han presentado, como hemos visto, ocasiones para que la nación se hiciera pedazos. Las provincias, y esto es más, han llegado a declararse independientes. Les ha faltado después tiempo para reorganizar un poder central que personificara la nación y la sostuviera durante la crisis. Han manifestado siempre tanto ardor para mantener la unidad nacional corno para recuperar su propia autonomía. […] No se ha visto ni siquiera en esas provincias Vascongadas, autónomas como ninguna, que han sostenido contra nosotros dos largas guerras civiles y en las dos han debido bajar la frente. Ni en el movimiento cantonal de 1873 se observó el menor conato de independencia”. 
Tal y como lo expresaron Largo Caballero, Daniel Anguiano, Julián Besteiro, Saborit, Fernando de los Ríos e Indalecio Prieto, ni el federalismo simétrico ni el asimétrico menos tienen aquí encaje para un socialista.  Hace ahora 18 años, el catedrático de Derecho Constitucional, profesor Jiménez de Parga, decía que “era impensable, en el primer tercio del siglo XX, que uno de nuestros maestros hubiese dudado, o tuviere recelo de clase alguna, al utilizar la palabra «España». Por el contrario, en todos ellos se nota un acercamiento sentimental a la idea de España. Flotaba en el ambiente lo que Antonio Machado hace decir a Juan de Mairena: «La patria es, en España, un sentimiento esencialmente popular (…) Si algún día tuvierais que tomar parte en una lucha de clases, no vaciléis en poneros del lado del pueblo, que es el lado de España».
Apuntaba Jiménez de Parg, al referirse a la “nacionalización de España” que quienes en el pasado defendieron con más vehemencia defendieron el concepto de nación, el concepto de España fueron precisamente profesores situados en la izquierda y se remitía al Manifiesto-Programa del Comité de Huelga de la UGT y del PSOE, dirigido «A los obreros y a la opinión pública», el 12 de agosto de 1917, se termina de este modo: «Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español, y solicitamos vuestro concurso. ¡Viva España!». Este grito, «¡Viva España!», fue lanzado entonces por Largo Caballero y Daniel Anguiano, en nombre de la UGT, y por Besteiro y Saborit, en nombre del PSOE. Y en un mitin en Cuenca, Indalecio Prieto dijo «Nosotros queremos multiplicar la capacidad espiritual de España, porque al levantar al ciudadano español, levantamos a España, y al levantar España, hacemos patria». 
Parece que aquellos socialistas lo tenían claro.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar