Fraga, sin honores


n vísperas de las elecciones, los concellos de A Coruña y Ferrol dieron un “golpe de efecto” en busca de resultados electorales y quitaron a Manuel Fraga la distinción de Hijo Adoptivo que le habían concedido los consistorios de ambas ciudades en 1965 y 1968.   

Es verdad que Fraga fue ministro de Franco, pero en su dilatada vida hizo más cosas: fue padre de la Constitución, fundó un partido democrático que integró a gente venida de la dictadura y fue actor importante en la reconciliación del país. También fue presidente de la Xunta, que no es cargo menor, por ser votado por el pueblo gallego en varias legislaturas. Salvo que estos ediles recuperen lo que dijo el diputado Fernán Vello y consideren a los gallegos –coruñeses y ferrolanos incluidos– “pobo alienado e ignorante, escravos que votan ao amo, ao cacique, ao que manda, aos de sempre”. 

De nuevo, el poder político se apropia sectariamente del pasado y, con criterios del presente, determina quienes fueron buenos y quienes fueron malos. Es la pertinaz manía del ajuste de cuentas de cierta izquierda que quiere borrar de la historia a personajes y episodios que no le gustan
¿No tienen A Coruña y Ferrol otros problemas? El mismo día del pleno en María Pita los periódicos de la ciudad publicaban que el estatuto de la industria electrointensiva, que podía dar vida a Alcoa, queda en suspenso, sin fecha para su aprobación; hay más empresas en peligro, el comercio local se muere y A Coruña, la “ciudad de cristal”, está entre las urbes más sucias de España.

¡Y qué decir de Ferrol! El tren que llega a la ciudad es como los del viejo oeste, Ferrol Vello se “cae a cachos”, la ministra de Defensa firmó el contrato de las fragatas en campaña electoral, pero nadie sabe cuándo se va a “cortar chapa”…

Presiento que a los trabajadores de Alcoa, del Naval, a los vecinos de A Coruña y Ferrol –y a todos los gallegos– les preocupan más los empleos y la economía de sus ciudades que retirar las distinciones a Fraga. Pero de eso no se ocupan alcaldes y concejales, incluidos los ediles socialistas que, faltos de personalidad, no acaban de reconducir su rumbo errático. Debe ser más divertido revolver el pasado para tapar ineficiencias que comprometerse con la solución de los problemas presentes. 

Dicho esto, con honores o sin ellos la vida y obra de Fraga, que tienen luces y sombras como la vida y obra de cualquiera, forman parte de la historia de España y de Galicia. Porque fue un servidor del Estado. 

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