Iceta, desde el Senado


Por si en su momento no quedó claro, ahora lo es más que el nombramiento de Josep Borrell como ministro del Gobierno Sánchez no fue más que una cortina de humo, un falso espejo, para que el presidente pudiera aparentar firmeza ante un independentismo con el que pretendía negociar. No en vano el titular de Exteriores venía siendo el gran debelador de las soflamas soberanistas, al estilo del “España nos roba” y otras lindezas similares.

Su tarea en el Ejecutivo ha pasado con más pena que gloria. Y ha dado la impresión de que en determinados asuntos, como el de las llamadas “embajadas catalanas”, ha obedecido órdenes superiores no muy en línea con su criterio personal, que hubiera sido más firme. Antes de cerrar heridas, hay que desinfectarlas, era uno de sus sabios consejos.

Aunque catalán de origen y socialista de militancia, Borrell apenas ha intervenido en las relaciones con la levantisca Generalidad y las políticas de “desinflamación y apaciguamiento” en aquella comunidad, que quedaron en manos de la vicepresidenta Carmen Calvo y de la ministra de Política territorial y Administración pública, Maritxell Batet (PSC). Ahora lo han mandado de nuevo a Bruselas, y la mano derecha de Sánchez en sus tejemanejes catalanistas será, desde la presidencia del Senado, si nada se tuerce por medio, el gran Miquel Iceta.

¿Cómo interpretar la sorpresiva pretensión de Sánchez de hacer titular del Senado y cuarta autoridad del Estado a quien ni siquiera es senador? En primer lugar, parece un giro o volantazo a los fracasados modos y maneras con que hasta el momento ha venido abordando la llamada “cuestión catalana”, cuyos diez largos meses de distensión no han llevado a nada concreto ni asumible. Se trataría de reconducir y encauzar por vías institucionales –la cámara de representación territorial- lo que hasta ahora se venía intentando por los extraparlamentarios planteamientos de Puigdemont, Torra y compañía.

Desde su alto observatorio, Iceta –habrá pensado el presidente- puede ser un buen peón de enlace entre Madrid y el palacio de Sant Jaume para tutelar un proceso que antes o después habrá de terminar con una reforma del Estatuto de autonomía vigente y de la propia Constitución, si es que no se quiere perder más tiempo y energías en fuegos artificiales.

Aunque con sus conocidas y recordadas salidas de tono sobre indultos y referéndums, ha sido destacado valedor de la llamada “tercera vía” federalista, entre la independencia que reclaman unos y los ajustes que piden otros, y no sólo la derecha. En qué habrá de consistir el “nuevo encaje de Cataluña” en la España una y diversa es hoy por hoy una de las grandes incógnitas y uno de los más complicados nudos a desatar. ¿Cataluña con privilegios? ¿Y el resto de comunidades? Las famosas asimetrías que al PSOE/PSC tanto gustan. He ahí la cuestión.

Por lo demás, la propuesta de Sánchez premia a uno de sus hombres de confianza y al PSC que tanto lo han apoyado en la salud y en la enfermedad. Y debe interpretarse también como un gesto hacia Cataluña toda –Iceta sería el primer compatriota al frente de la institución- y, por supuesto, hacia el independentismo, con el que el presidente en ciernes nunca romperá. Veremos a ver si le funciona.

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