Riada de impuestos

R

Casi desde el comienzo de su mandato, la ministro Nadia Calviño, hoy en funciones, anda carteándose con Bruselas para hacerles llegar los propósitos del Gobierno Sánchez sobre las cuentas públicas. Pero como éste vive ligado a unos Presupuestos prorrogados porque los de propia iniciativa no pasaron el trámite parlamentario, tumbados como fueron por sus socios de la moción de censura, los papeles remitidos a las instituciones comunitarias no tienen más valor real que el cumplimiento de un obligado trámite. Bruselas, lógicamente, sigue esperando unos nuevos y definitivos Presupuestos para emitir su opinión sobre lo que en verdad se pretende que sean las grandes cifras de nuestra política económica.

De nuevo, la titular de Economía ha vuelto a conectar estos días con la capital comunitaria. Pedro Sánchez y ella misma ya habían sugerido que se pretendía llevar a cabo una subida de impuestos. El programa electoral lo camuflaba piadosamente. Contencioso territorial (Cataluña) y economía estaban llamados a ser los grandes retos del nuevo Gobierno, fuera él el que fuese. Pero en la campaña apenas se habló de ellos –o no en la debida medida- ocupado como estaba medio mundo con elucubraciones prematuras sobre pactos postelectorales y con el terremoto Vox.

Ahora, tras haber ganado las elecciones, el Gobierno en funciones ha puesto cifras al temido incremento. Y según consta en el Programa de estabilidad 2019-2022 enviado, asegura que su intención es que la presión fiscal (peso de la recaudación sobre el PIB, excluyendo tasas y otros ingresos) suba del 35,1 por ciento registrado el año pasado al 37,3 por ciento dentro de tres, lo cual equivale a 2,2 puntos del PIB o, lo que es lo mismo, a unos 26.000 millones de euros adicionales, que en el fatídico 2022 se habrán traducido en el pago de unos 1.000 euros extra anuales por contribuyente.

Estando como estamos en parada postelectoral, con un cuerpo político que no moverá ficha hasta pasadas las elecciones autonómicas y europeas de fin de mes, es intención del Gobierno en ciernes mantener prorrogados los Presupuestos del año en curso, que son “los de Rajoy”. “Inmediatamente” después de su constitución, presentará sus propias cuentas de cara a 2020, donde entre otras medidas se incluirían cuando menos las subidas fiscales acordadas con Podemos en el fallido intento de este año, cuyo impacto recaudatorio se estima en 5.564 millones de euros.

En definitiva: al año que viene, es decir, dentro de nada, subirán el impuesto de Sociedades, el IRPF para determinadas rentas y el diésel (“fiscalidad medioambiental”, como se dice oficialmente). Y se incorporarán las llamadas tasas Google, sobre actividades digitales para grandes empresas, y Tobin sobre transacciones financieras. A este paquete fiscal habrá que sumar el aumento de las cotizaciones sociales registrado ya este 2019 tras la subida del salario mínimo.

Veremos qué dice Bruselas, a pesar de los buenos oficios que la ministro Calviño tendría –se asegura- con el comisario de Economía. Y a ver qué dicen los contribuyentes. Porque no resulta descaminado pensar que más de uno se habrá ya arrepentido de no haber dado su voto a quienes pretendían justamente lo contrario: bajar impuestos.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar