La salúd de la Patria

DE la mano de unos amigos gallegos estuve hace poco la Place Poelaert de Bruselas que ofrece al visitante una hermosa panorámica de la ciudad, con el Atomium, símbolo de la urbe, allá al fondo. Allí erigieron los belgas el monumento para honrar a la infantería y a los soldados muertos en las guerras mundiales y en el monolito grabaron la leyenda «Salus Patriae suprema lex», cuatro palabras que tienen la enorme riqueza y fuerza expresiva de la lengua latina. 

La frase viene como anillo al dedo después de las elecciones porque encierra en sí misma un programa de gobierno y un mandato para los que tienen que dirigir al país desde el mismo gobierno o desde la oposición: la salud de la Patria es la ley suprema. 

¿Qué factores determinan «la salud» de la Patria? Evidentemente, el estado de bienestar de la Patria no se mide por el color y tamaño de las banderas, ni por definirla como nación de naciones, ni por los nacionalismos periféricos, ni por cualquier otra forma identitaria. 

Cuando en 1982 preguntaron a Felipe González en qué consistía «el cambio» que buscaba su partido, el líder socialista contestó: «que el país funcione». Otras cuatro palabras que son como la portada de un desplegable que contiene todos los indicadores de la salud de la Patria que los dirigentes políticos deberían tener como «suprema lex». 

Sería una temeridad intentar enumerarlos en este espacio. Pero también son cuatro las premisas de partida necesarias para que el país funcione: la estabilidad política, que depende de la madurez de los dirigentes interpretando los resultados de las urnas; la seguridad jurídica; la viabilidad económica de los proyectos y medidas que se emprendan; y, como complemento necesario, la «cultura del pacto», imprescindible en esta situación de fragmentación parlamentaria, que implica formular propuestas, admitir renuncias y aceptar otros puntos de vista. Esas cuatro premisas permiten llegar a una conclusión: poder acordar medidas sobre empleo, salarios y pensiones; sanidad, educación y justicia; fiscalidad y servicios sociales; demografía, territorio y otros problemas que dañan las salud física y mental de los españoles.

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