La persona es individual y debe ser social


Existen actualmente muchos signos que nos dibujan una sociedad en la que se prima el individualismo y se pierde el sentimiento de comunidad. Internet y las redes sociales han cambiado el mundo y han hecho que cada vez la relación personal, el diálogo y la comunicación sean más difíciles y pierdan valor.

No cabe duda de que vivimos en la era de la diferencia. Buscamos y necesitamos sentirnos especiales, únicos y sobresalir respecto al resto. Es la nueva forma de integración social que nos hace desear ir a contracorriente, porque parece que no hay nada más normal que el querer ser diferente y empeñarse en desmarcarse de la “masa”. Y ahí surge un nuevo tipo de persona: “la persona individual”, vinculada al hecho de que por vez primera en la historia disfruta en soledad de objetos, espacios y comportamientos propios. Diríamos que esa “sobrevaloración del sujeto” provoca un ensimismamiento hacia uno mismo y un extrañamiento de lo ajeno, basando nuestra identidad más en lo que nos diferencia de los demás que en lo que nos une.

Otra de las causas que potencian el individualismo la encontramos en la publicidad y en el consumismo, en el sentido en que los llamados bienes de consumo dejan de ser objetos para pasar a formar parte de la identidad del individuo. Somos el reloj que usamos, la ropa que vestimos, el vino que bebemos, o el coche que conducimos, de modo que nos personalizamos y diferenciamos en base a esos productos.

La preocupación por el otro ha dado paso en la era del individualismo al miedo por el otro. Nos preocupa nuestro bienestar, luchamos por nuestro futuro de forma individual y tendemos de forma casi automática a pensar que el otro tiene intereses y proyectos que irán en nuestra contra. Asimismo, el pensamiento occidental tiene muy presente la creencia errónea de que cuando las personas se integran en un grupo, renuncian a su identidad individual. Sin embargo, la realidad es que el sentimiento de pertenecer a una colectividad puede tener efectos beneficiosos para la salud en base a la identidad compartida.

Frente al panorama que describimos no queda más solución que recuperar valores como “La amistad”, tener amigos con los que pasar el tiempo y compartir la vida. “La solidaridad”, ser solidarios con los que no tienen la misma suerte material o afectiva que nosotros. “La soledad planificada”, dejar espacio para estar solo con uno mismo y escuchar nuestra voz interior también es importante. Luis Cernuda describía en el poema “Soliloquio del farero” la vivencia extrema del que había escogido la soledad total sin más compañía que el mar y el cielo, pero como su forma de vida le llenaba de amor y empatía para con todos los seres humanos. Esa es una de las grandes virtudes de la soledad libremente escogida, dotar de profundidad, introspección, autonomía y crecimiento a la propia vida.

El hombre es un ser, al que no es posible entenderlo sino como parte de una realidad, mucho más compleja que es el grupo social. Por eso Aristóteles nos decía que “fuera de la sociedad sólo podrán existir los dioses o las bestias”.

Una gran verdad es que el individualismo nos trae soledad, tensión, miedo y vacío, y muchas veces nos deja sin orientación, ni fuerzas y peor aún, sin sueños, con una tendencia a no saber quiénes somos, ni qué sentido tiene nuestra vida, lo que enferma a nuestras emociones.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar