Un descanso de justicia


Miguel Ángel Cadenas Sobreira es ourensano como yo. Y los dos poco ejercientes de esa ourensanía que pregona el presidente Baltar cada vez que habla de la tierra que nos vio nacer y crecer y que la dejamos para cubrir etapas en otras localidades que nos han aceptado como hijos adoptivos. Él en A Coruña y yo en Santiago de Compostela.

Desde siempre le atrajo el mundo del Derecho, como primer fin y como segundo, y terminal, el de la Justicia. Recuerdo sus épocas preparando la oposición para poder impartir sentencias, mientras yo me decidía por el periodismo.

De él, sin que me mueva un ápice de mi amistad, puedo decir que tiene tres características fundamentales a la hora de colocarse la toga y razonar una sentencia: Serenidad, rigor jurídico en sus decisiones y una tremenda coherencia. Estas tres cualidades le han guiado con mano fuerte sus presidencias tanto en la Audiencia Provincial de Ourense, como en el Tribunal Superior de Xusticia de Galicia.

Ahora que los dos seguimos cumpliendo años como integrantes de la cosecha del 47, muy buena, por cierto, en lo que a vino se refiere, nos llega el momento de disfrutar de nuestro entorno familiar en el que los nietos –tenemos dos cada uno de nosotros– ocupan lugar destacado. Atrás van a quedar los tiempos en los que impartir justicia, en forma de sentencias, le ocuparon muchos años. Tanto él como yo nos asombramos muchas veces de la rapidez con la que pasaron nuestras décadas de trabajo profesional.

Al magistrado Cadenas le ha llegado el momento del descanso. Yo hace siete años que ya lo disfruto. Ahora nos va quedar mucho tiempo para hablar de lo divino y de lo humano. Los dos nos caracterizamos por ser grandes conversadores. 

En estas largas seis décadas de amistad solo hemos temido una diferencia clara. Él era seguidor del Madrid y yo del Barcelona. De todos modos, tengo que decir que el fútbol no representó nunca un obstáculo.

La señora de la balanza y los ojos vendados, la Justicia, pierde a uno de los grandes valores que tuvo Galicia durante más de tres décadas. El descanso, Miguel, te lo tienes más que merecido. Un abrazo, amigo.

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