Satisfacción con la Ribeira Sacra como Patrimonio de la Humanidad

El presidente del Gobierno gallego, Alberto Núñez Feijóo, expresó la ilusión de los gallegos por compartir con el resto de España, de Europa y del mundo los tesoros de la Ribeira Sacra, candidata ya a Patrimonio de la Humanidad, después de que el Consejo de Patrimonio Histórico confirmara su registro para que se postule a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Durante la clausura del Consejo de Patrimonio Histórico, Feijóo recordó que ese deseo de compartir se remonta a 1996, cuando este paraje entró en la lista indicativa de España para la Unesco. Y, en diciembre del pasado año, se aprobó el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural de la Ribeira Saca, dentro de la categoría de paisaje cultural, desarrollándose así un régimen de protección específico para una extensión aproximada de 180 kilómetros cuadrados, que permite optar a la inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

“Fue, por lo tanto, un largo peregrinaje que hoy culmina una etapa decisiva gracias al Consejo de Patrimonio Histórico”, aseveró, señalando además que este proceso podría culminar el mismo año en el que se celebrará el Año Xacobeo, “por lo que sería una feliz coincidencia –dijo- que la Ribeira Sacra fuera declarada Patrimonio de la Humanidad al mismo tiempo que celebramos el año santo”.

A lo largo de su intervención, el titular de la Xunta quiso resaltar el trabajo conjunto y la amplia colaboración institucional que incluye a las diputaciones provinciales, a los ayuntamientos y a la propia Administración autonómica, transmitiendo el deseo de que esa cooperación sea el ejemplo para las otras aspiraciones que tenemos en Galicia: que las Islas Cíes-Islas Atlánticas y el Ferrol de la Ilustración también puedan llegar a este mismo punto algún día.

En relación a las peculiaridades de este entorno, Feijóo aseveró que el diálogo de Galicia con su paisaje queda patente en este bosque de iglesias y monasterios que parecen brotar de la misma naturaleza como un árbol más. “Estamos ante un románico que obliga a matizar el verbo. No está en la Ribeira Sacra. A diferencia de otras obras y enclaves donde el paisaje es un fondo o decorado, aquí la naturaleza forma parte del monumento”, matizó.

El responsable autonómico se refirió también a los visitantes que hicieron de la Ribeira Sacra uno de los principales reclamos turísticos. No en vano, en los últimos siete años la demanda turística creció casi un 50%, convirtiéndose además en un destino referente de la desestacionalización, ya que el 75% de los que la visitan lo hacen en temporada media y baja –unos datos referidos solo a las pernoctaciones-.

Hace falta destacar que este territorio representa un ejemplo único del monacato de Occidente y de la sacralización del territorio, gracias a unos conjuntos arquitectónicos de extraordinaria singularidad que ilustran 1.500 años de historia. El paso del eremitismo al monacato y la posterior expansión benedictina dejó un bosque de iglesias que ilustran la riqueza y variedad de la arquitectura románica de los siglos XII y XIII.

Al margen del importante patrimonio cultural y arquitectónico, la Ribeira Sacra también es un paisaje vivo y el máximo exponente de la relación entre hombre y naturaleza. Prueba de esta interacción del ser humano con el medio son las monumentales terrazas en las laderas de los cañones del Sil y el Miño para la explotación de una agricultura de subsistencia basada en el policultivo. La esencia de este paisaje antrópico la encontramos con todos sus matices en los terrenos de ribera y bocarribera.

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