Lemas electorales

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Corto, muy concreto, entendible, claro, positivo; que diferencie a la primera; que no pueda ser firmado ni dado la vuelta por otro; inapelable; inmune a las interpretaciones. Estas son algunas de las características o notas que, a juicio de expertos en comunicación, deben definir un buen eslogan o lema electoral y que en mínima medida observa el elegido por el PSOE para su campaña de cara a las generales de finales de mes.

Un “Haz que pase” impreso en rojo sobre el rostro en primer plano de Pedro Sánchez y plagiado a la brava del empleado por una conocida marca estadounidense de cosméticos, ha generado no poca perplejidad por su aparente ineficacia de cara a la movilización electoral que el partido pretende para que no le suceda como en las andaluzas y, de forma especial, por culpa del exceso de confianza en el triunfo que están pronosticando las encuestas. “Que la abstención no nos robe el futuro”, afirmó el líder socialista en el acto de presentación.

¿Haz que pase, pero hacia dónde? ¿A la Moncloa o al Gobierno, si ya está dentro? Fueron las preguntas que desde la más elemental lógica se hicieron muchos de los ciudadanos interesados en estas cuestiones. La respuesta la tuvieron de inmediato por boca del secretario general del PP, García Egea: “Que pase, pero hacia fuera”. La fatídica doble lectura era inevitable. Interpretaciones caben las que se quiera.

El golpe de gracia se lo vino a dar la ministra portavoz y titular de Educación, la gran Isabel Celaá, que anda especialmente eufórica estos días, que echa el inevitable mitin en TVE y que no tuvo mejor ocurrencia que calificar el lema de “precioso” y relacionarlo con “la historia de amor” de la película Titanic , siendo como es más que dudoso y elemental que un célebre hundimiento sea el mejor reclamo para navegar en un mar plagado de icebergs políticos. Evidentemente, no faltaron columnistas que los sacaran a relucir.

Para otros –pocos- el cuestionado eslogan tiene un gran beneficio: que se habla de él. Aunque lo ideal sería que se hablara bien y que perdurara en la memoria del elector. De otra manera, puede ser flor de un día y que hasta el propio partido lo olvide o lo vaya cambiando en el curso de la campaña. Ya lo ha hecho así en alguna ocasión. Imaginación y habilidad no le faltan para ello.

¿Error manifiesto? No lo creo. Alguna sorpresa o desarrollo a partir del propio cartel inicial no sería descartable. De todas formas, los expertos lo han considerado como el peor de los hasta ahora puestos en circulación.

Cierto es que en ningún sitio está escrito que un eslogan sea decisivo para la victoria. Pero me da la impresión que la imagen de un candidato se va forjando no en la campaña, sino en el día a día de la actuación política. Al final, la eficacia del lema viene a responder a cómo haya sabido detectar y expresar las corrientes subterráneas de opinión que sobre un candidato preexisten.

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