Galicia y España, vacías

En los años sesenta, cuando las aldeas de Galicia eran “unha mestura de lama e fume”, pero tenían gente, salían de ellas cientos de compatriotas hacia Europa, Bilbao o Barcelona y los vecinos que se quedaban comentaban la causa de aquella sangría que se llevaba los brazos jóvenes, el talento de entonces: “Teñen que marchar porque aquí non hay donde gañar un peso”. 


Seguro que los miles de manifestantes del domingo en Madrid –con poca presencia gallega– coinciden y completan aquel diagnóstico con nuevos datos de un problema común a cientos de pueblos de la mitad de las provincias españolas, que en Galicia tiene especial incidencia en Ourense y Lugo. Porque sesenta años después, la España y la Galicia despobladas no solo no ofrecen oportunidades para “gañar un peso”, también siguen careciendo de los servicios básicos de los que disfrutan los urbanitas. 

“Quen vai vir aquí!”, exclamaba un paisano y él mismo explicaba las razones de la espantada: no hay trabajo; el transporte es irregular, igual que la recogida de basura; el banco móvil viene un día a la semana; la luz no alumbra, del agua nadie se ocupa; internet y la telefonía móvil son un milagro diario… Y todo esto ocurre pagando los mismos impuestos que quienes disfrutan de esos y de más servicios.


Por esto, por vivir tanto tiempo con tantas carencias, la gente de la España y la Galicia “vaciadas” es admirable. Y por soportar, cuando se revelan con razón, la compañía de políticos que jamás pisaron una aldea. La imagen de los líderes de los partidos acariciando un ternero, subidos a un tractor o “descubriendo” ahora los problemas del país despoblado es repelente. Van buscando los 103 diputados de 29 provincias –el voto del Señor Cayo inmortalizado por Delibes–, lo único que les interesa.

Los organizadores de la manifestación les exigen que firmen un Pacto de Estado para frenar la caída demográfica y poblacional. ¿Cómo? Ordenando el territorio y distribuyendo la tierra para que den trabajo y abran horizontes de futuro, con fiscalidad adecuada, dotando a los pueblos de servicios… Son factores que fijan población, también en Galicia, y aspiraciones razonables de los ciudadanos. 

¿Por qué Galicia no participó en esa movida? Porque en la Galicia interior solo quedan “almas rendidas”, abandonadas a su suerte por la dirigencia y convencidas de que su problema no tiene solución, ni siquiera remedio para ir tirando. Por eso, cada día se apaga la luz en una casa y van muriendo las aldeas.

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