Tras las municipales será más fácil pactar


El triunfo electoral del PSOE este 28-A, descontado en todas las encuestas, ha supuesto una catástrofe para el PP, excepto en cuatro provincias, dos de ellas gallegas. Ahora lo más importante es lo que haga Pedro Sánchez al frente del nuevo Gobierno pero no por ello pierde relevancia el rumbo que emprenda la derecha, ya que el PP es un pilar del sistema democrático español. Para la centralidad política no es un asunto baladí.

Pedro Sánchez ya ha anunciado que el PSOE gobernará –no mencionó a otros partidos en la tarea– y su vicepresidenta, Carmen Calvo, precisó que intentará hacerlo en solitario. En realidad, hasta que pasen las municipales es difícil que se aclaren las posiciones de unos y de otros, si bien a nadie se le escapa que las miradas seguirán centradas en lo que haga Ciudadanos. Tal vez lo más interesante no es lo que dicen sus líderes –de momento reacios a pactar con Sánchez–, sino lo que piensa el sutil presidente de la patronal CEOE, entre otros líderes del establishment español.

En la derecha, Alberto Núñez Feijóo salvó al PP gallego del «muy mal resultado» que reconoció Pablo Casado, pero aún así el PSOE ganó en Galicia por primera vez en su historia. Tienen su importancia estos dos datos, e incluso un tercero, también de raíz gallega: Vox logró representación en todas las comunidades autónomas menos en la que gobierna Feijóo con mayoría absoluta. También en el campo de la derecha, los avances de Ciudadanos y de Vox no son útiles para los intereses conservadores y liberales, que se diluyen, y no por falta de apoyo popular –casi 12 millones de votos–, sino por los errores de las llamadas tres derechas.

La noche electoral, viendo –y escuchando con atención– a Pablo Casado y a Alberto Núñez Feijóo, resultaba difícil no preguntarse qué hace Casado presidiendo el PP y qué hace Feijóo presidiendo –solo– el PP gallego, pero seguramente ellos saben la clave de semejante sinrazón.

El entusiasmo en el PSOE es comprensible, ya que su victoria es clara e importante políticamente, al servirle para gobernar y hacer política con el BOE en la mano. Ahora bien, se equivocarían los socialistas si se confían, ya que siguen lejos de los millones de votos que tenían en los años 80 y 90 e incluso hace solo 10 años. Bastaría la fusión de la derecha para borrar su sonrisa. Quiere eso decir que al PSOE le faltan aún unos cuatro millones de votos para poder sentirse realmente fuerte en España.

Del nacionalismo destacan las victorias de Cataluña y el País Vasco, dos grandes asignaturas pendientes para los partidos de ámbito español, cuya idea de España 

–más plural de lo que les gustaría– no parece atinada, especialmente en el campo de la derecha. Por el contrario sigue sin despertar el nacionalismo gallego, que hace años tuvo peso político en España con Xosé Manuel Beiras y Anxo Quintana.

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