Acotaciones


** Caótica una vez más la rueda de prensa que siguió al Consejo de ministros de la pasada semana: temas importantes y complejos que hay que meter con calzador como sea por aquello de que los viernes electorales se terminan; una ministra portavoz que no jerarquiza por importancia los asuntos tratados; que se muere de risa con el cerdo vietnamita, pero que no sabe responder a la pregunta sobre Ence y deja perdido casi para el final el acuerdo sobre la construcción de cinco fragatas en Ferrol, importante no sólo para la ciudad gallega, sino para todo el sector naval. Tampoco mucho sabía del retraso de las subvenciones a la investigación científica. Un desastre.

Luego la ministra Montero contó su particular versión del cumplimiento del déficit presupuestario por parte de nuestro país, que para 2018 habrá quedado en el 2,63 por ciento del PIB, por debajo incluso del 2,7 que se había automarcado el propio Gobierno, pero muy lejos de los números aprobados en su día por el Congreso e inicialmente comprometidos con las autoridades comunitarias. Ha sido como una especie de cumplimiento a la carta. Bruselas, por eso, no nos quitará la lupa de encima.

** Aquí, por estos nuestros lares, de comienzo se celebró muy mucho la autorización para reinvertir el superávit, una medida pensada más para los Ayuntamientos, que son quienes más dineros sobrantes e indisponibles tienen en sus cuentas, que para las comunidades autónomas. La titular de Hacienda no tardó en poner las cosas en su sitio y aguar expectativas fuera de lugar, como aquélla de que Feijóo le habría ganado al pulso al Gobierno.

En realidad, lo que la ministra hizo no fue más que recordar lo que al respecto establece la ley de Estabilidad presupuestaria: comprobación previa de cumplimientos y prioridad después para amortizar deuda y ejecución de nuevas inversiones; no para gastos corrientes. Con todo, algo es algo.

** Ha sido tremenda la que le ha caído de encima a Adolfo Suárez Jr. por sus declaraciones sobre el aborto. Y la que le seguirá cayendo. Pero lo que se ha tomado como una enorme metedura de pata en medio de un fárrago de supuestos disparates y de analogías truculentas, resulta que no lo ha sido tanto.

Resulta que el Estado de Nueva York ha aprobado, en efecto, una reforma en virtud de la cual a los niños que sobrevivan a un aborto –posibilidad no descartable en un sistema que permite la práctica de la interrupción del embarazo hasta ultimísima hora antes del parto- se les puede dejar morir, cuando de acuerdo con la legislación anterior se obligaba a que se les prestara asistencia médica.

Complicado de explicar con mayor detalle en una entrevista televisiva. Cierto es que la justa causa de la oposición al aborto tiene argumentos más fáciles de manejar. Hubiera bastado también haberse ceñido a la anunciada ley sobre la maternidad. El caso es que Suárez se metió en un innecesario berenjenal, máxime en tiempos electorales. Después, presionado por el propio PP, hubo de rectificar, autoinculparse y quedar como el troglodita de la película. Excesiva generosidad por su parte, me parece.

** La séptima semana del juicio del 1-O ha sido la más relevante para que la Fiscalía  consiga cerrar el círculo del delito de la rebelión. Y también, una de las más esperpénticas, con el desembarco en el Supremo como testigos de los llamados observadores internacionales. Unos personajes éstos que precisaban traducción simultánea porque de español no tenían la menor idea. Y eso, a pesar de que supuestamente habían observado lo sucedido en Cataluña desde el otoño de 2017. Ni eran observadores, ni eran expertos, ni sabían nada. La verdad es que causaron sonrojo ajeno.

** Acaba de celebrarse en Madrid la sexta Semana de la educación, donde se ha puesto de relieve cómo la transformación digital está produciendo cambios sin precedentes en la enseñanza y el empleo. La tecnología ha modificado los métodos docentes y fomentado el surgimiento de decenas de nuevas titulaciones. De hecho, se augura que el 65 por ciento de los niños que hoy cursan Primaria ejercerán trabajos que todavía no existen. Como para no irse preparando.

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