Necias confrontaciones innecesarias

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Este mundo va de mal en peor. 

En vez de trabajar por una humanidad unida, siempre aparece un iluminado con una insensatez del tamaño del planeta Tierra; y este pasado martes, una “perla” brotabadesde los labios de un mandatario, y su color contenía el más desacertado tinte populista; me refiero como ustedes ya sabrán, al señor Andrés Manuel López Obrador. 

El presidente de México detallaba en su rueda de prensa diaria en el Palacio Nacional de la Ciudad de México, un envío de sendas cartas a España y al Vaticano para reflexionar sobre lo sucedido en ese país durante la conquista que iniciaba Hernán Cortés en 1519 en el nombre del Rey Carlos I de España y a favor del Imperio español, y con la cruz como bandera.

Para contextualizar el hecho denunciado debemos retrotraernos medio milenio, y viajaren el tiempo para situarnos entre los años 1519 y 1521. Así llegamos a una fecha, el 13 de agosto de 1521 la ciudad de México cayó en poder de los conquistadores españoles, después de dos años de enconados intentos bélicos, políticos y conspirativos, en los que participaron, junto con los españoles, los pueblos indígenas previamente avasallados y masacrados por los mexicas; y así en un afán por rebelarse —aprovechando la alianza con los recién llegados— de las condiciones de sojuzgamiento, en que vivían. Este hecho marcó el inicio de la conquista española y el nacimiento del México mestizo.

Antes de haber abierto la boca, señor presidente de Méjico, considero al menos quedebería de hacerse, entre otras, al menos tres de preguntas.

La primera de ellas, ¿por qué se unieron a Hernán Cortés los pueblos indígenas originarios de Méjico? La segunda, ¿es usted conocedor del origen del pueblo azteca?La tercera, ¿sabía usted el empiece y el porqué de la torre de cráneos de Tenochtitlanque horrorizó a Hernán Cortés y los suyos, y por ende del holocausto racial de los aztecas hacia los totanacas, y tlaxcaltecas?

Si no tiene usted la información históricamente contrastada sobre estos hechos, no sé que hace gobernando México; y si por el contrario está usted en la posesión del saber de todo lo que ocurrió con los pueblos indígenas que sí estaban en esas tierras que hoy gobierna antes de llegar los “terribles” aztecas que precedieron a los españoles, el que debe pedir perdón es usted.

Porque he de manifestar, tras muchas horas de análisis de documentación y estudio de la misma, que los Aztecas eran de Aztlan; por ello Azteca significa «Gente de Aztlan», y este pueblo vagó hasta que encontrar su nuevo hogar, lo que hoy conocemos como ciudad de México; y cuando lo encontraron cambiaron su nombre a Mexica, «Gente de México», mimetizándose con la minoría que sometía a la mayoría de los pueblos indígenas de tan maravillosa tierra como es México. Y no lo digo yo, es producto de años de investigación del gran Dr. Alejandro Villalobos un experto de la Ciudad de México, que así corrobora que los aztecas se convirtieron en Mexicas.

No sé si usted señor, López Obrador, desconoce la denominada “torre de los cráneos”, conformada por miles de porciones óseas, que los aztecas, en posición dominante, se encargaron de amontonar como tributo a su particular holocausto racial, en donde cohabitan, ya no solamente cráneos de guerreros vencidos en batalla, también hay muchos de mujeres y niños, fruto de sacrificios. Por no dejar de mencionar el horror del canibalismo azteca.

Es muy fácil «mirar la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ver la viga que está en el tuyo”; por ello señor López Obrador, siempre hay que arreglar la casa de uno antes de entrometerse en la de otro.

Las guerras son guerras, por desgracia. Las hubo desde el principio de los tiempos y las seguirá habiendo.

No creo que sea una cuestión baladí, y más grave me parecen argumentos que visualizan su toma a la “ligera”; y con esta afirmación quiero hacer referencia a la conveniencia de cada gobernante y en un momento puntual, según le convenga. 

Si nos ponemos en la tesitura de pedir perdón, nos vamos a enfrascar en una marabunta de papeleos a lo largo de la Historia y en todos los países del mundo, y sinceramente, lo más adecuado, interesante y necesario es que, reconociendo episodios complicados de enlizar en nuestros días (la humanidad cambia a diario en progresión geométrica), lo que se debe hacer es no mirar atrás para no convertirnos en “estatuas de sal”, estáticas, vulnerables y destructibles.

En mi humilde opinión lo que tenemos que hacer todos los pueblos y los países del  Globo es todo lo contrario, debemos de construir y aprovechar las sinergias que nos unen y no detenernos en lo que nos separa, especial mente en lo que ya ha pasado, y como en este caso, hace 500 años.

Como exponía el inicio de este artículo, el mundo entero debería de unirse y caminar juntos en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que hoy día tienen más de 7.444 millones de personas (datos ONU 2018), y sobre todo pensando en los 8.500 millones que alcanzaremos en una década, que no son ni van a ser pocos, como tampoconi fáciles de solucionar.

Paso firme, mirada al frente, amplitud de miras y consistencia concienzuda en todas y cada una de las decisiones que emanen de la boca de los grandes responsables y representantes gubernamentales de los ciudadanos de cada uno de los países que conforman este planeta llamado Tierra. Esa debe de ser la máxima, y por lo tanto, no elucubremos sobre necias confrontaciones innecesarias. 

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