El roto de los viernes sociales


Es comprensible que Pedro Sánchez intente aferrarse a los párrafos –pocos- que espigando el documento le puedan ser más favorables, como hizo el jueves en Bruselas. Al término del Consejo Europeo sobre el inacabable bréxit al presidente se le notaba cansado y con ganas de dar por concluido su encuentro con los informadores. Pero lo cierto es que el informe trimestral sobre proyecciones de la economía española hecho público horas antes por el Banco de España (BdE), le era negativo.

El recado, como se llama ahora a las advertencias, ha sido claro: progresiva desaceleración económica en los próximos dos/tres años; destrucción de empleo de hasta 125.000 puestos en este 2019, y sobre todo, una desviación superior a la prevista en los objetivos de rebaja del déficit público. “Nos deja insatisfechos. Tendremos otro año en barbecho en términos de consolidación fiscal” o reducción del agujero presupuestario, tal como concluyó en la presentación del informe el director general de Economía y Estadística del organismo de supervisión, Óscar Arce.

Gran responsabilidad tienen en todo ello los incrementos de gasto comprometidos en los “viernes sociales” o viernes electorales, como mejor llamarlos, del Gobierno. A juicio del BdE, se trata de una serie de medidas que, consideradas individualmente, tendrán un impacto limitado, pero que en conjunto supondrán un sensible empeoramiento de las cuentas públicas, así como un incumplimiento de los ajustes acordados con las autoridades comunitarias, justo en el primer ejercicio en que nuestro país ya no estará bajo la supervisión estricta de la Comisión Europea.

Al respecto se recuerda que el encaje del desequilibrio presupuestario por debajo del 3 por ciento en 2018, tras once años por encima del tope fijado en el Pacto de estabilidad y crecimiento, permitió a nuestro país salir del protocolo del déficit excesivo. Ha sido el último Estado de la zona euro en lograrlo, más tarde incluso que Grecia y Portugal, rescatados en su momento por la Troika. Salimos, pero de seguir por esta senda, volveremos. Ajustes y año electoral no son buenos compañeros de viaje.

Así las cosas y con la deuda pública próxima al 100 por cien del PIB, resulta inevitable que aumente la exposición de España a un brusco cambio de ciclo de la economía mundial. Un ciclo que ya se ha iniciado y que lo hace a un ritmo más rápido de lo esperado, en opinión de la economista jefe del FMI, Gita Gopinath , catedrática de Economía en Harvard, nacida en Calcutta hace 47 años y primera mujer en ocupar tal cargo.

Los empresarios están más que pesimistas. Según concluye un estudio de la CEOE, sólo el 7 por ciento de los consultados prevé que la coyuntura económica mejore, frente al 35 por ciento del informe anterior. La inestabilidad política ha creado incertidumbre y ese efecto negativo se ha notado en las compañías. De hecho éstas ya han incluido en sus estrategias la temida desaceleración: un 47 por ciento ha paralizado inversiones.

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