Abelenda, una obra para una vida intensa de color

            Los humoristas y los pintores, como Abelenda, nunca mueren, se van. Lo hacen tras vanos ensalmos y vanaglorias, para que sean otros los que les ensalcen, a ellos y a sus obras. Colores de luto, caballetes para un féretro inútil ya, sin perspectiva. Cenizas sobre paleta. Biografía de lustres y claroscuros como para enmarcar, de un fresco o de un genio, de un ser delineante de estilo, a veces sin más escuela que la vida o el dibujo de Arquitectura aplicando los exactos conocimientos.

            El tumulto no tiene por qué peregrinar al túmulo. Raramente el éxito es suficiente para llenar un ego, o un afán, o un mérito, o el presentimiento de que hay más que extraer del jardín de las musas, o de las necesidades económicas, aunque sean secundarias. Ahora, ya leyenda, la exposición antológica que preparaban el galerista Suso Montero y la comisaria Valle García en Afundación, se convertirá en el mejor homenaje a un artista de compleja personalidad y gran trayectoria.

            La historia-vida de Abelenda es un mosaico, una cornucopia henchida de trabajo, iniciativas, viajes, dibujo, pintura. Todo nacido de un carácter propicio a una vida entreverada, sin risas estentóreas, al menos en los últimos años, perdida casi la visión. Pero nos hizo reír y hasta ganó la otrora prestigiosa Paleta Agromán de Humor.

            Le conocí una tarde coruñesa, en su galería, próxima a la Escuela Pablo Picasso. Hablamos mucho de la etapa madrileña, de sus colaboraciones en Don José y La Codorniz, de sus otros trabajos para la prensa. Hablaba y recorría los dos pisos mostrándonos obra pasada y presente, hablando a borbotones con José María Barreiro, el pintor de Forcarei, que preparaba su exposición en el Palacio de María Pita. De la fluida verborrea brotaba admiración recíproca, confianza de años y compartires, entendimientos de un momento peculiar del arte, afán de seguir atendiendo a la inspiración como la mayor de las fortunas.

            Dicen que Abelenda, junto a Jose María Labra, Antonio Tenreiro, Antonio Lago Rivera, Tomás Pereira y Alejandro G. Pascual, formaron la “generación de los insurgentes” o el “Grupo de Escisión”. Dicen que siendo figurativo, su representación tiende a ser expresionista. Dicen que gustaba del fauvismo y el cubismo sintético. Lo cierto es la presencia generalizada en su obra de toques y pinceladas de rojo, de un rojo polifacético, único, pensante, admirable, reconocible.

            Es cierto, el 21 de Marzo de 2019, en La Coruña, a los 87 años ha fallecido Alfonso Pedro Abelenda Escudero por complicaciones en una peritonitis. Había nacido, en la Calle del Socorro de la Ciudad de Cristal, el 5 de octubre de 1931.

            Define Luís Aguirre del Río, en su Diccionario del dialecto gallego, editado en 1858, una Abelenda como un lugar en donde hay muchas mariposas. La metáfora de un cielo lleno de color, primaveral y renaciente brotará de una obra que al observarla nos hará revivir a un ser extraordinario. El Orzán luce una mancha roja y eterna.

Alfonso Pedro Abelenda Escudero, pintor y humorista gráfico español.

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